domingo, junio 28, 2020

Crónica para el fin del mundo.



                                                               A Pedro Valderrama por hacerme regresar al pasado.  

I

La primera vez que vi a Raúl Bañuelos fue en una visita que dio a la Preparatoria.  Era 1996 y cursaba la preparatoria. Tres años antes,  los periódicos locales daban cobertura a la muerte de Elías Nandino. Y en 1994 el EZLN se alzaba en armas  contra el gobierno.  Esos tres hechos marcaron de manera profunda  mi decisión de meterme de lleno al mundo de la creación literaria. Los tres hechos, de manera inquietante, los repasaba de manera constante en mi cabeza. Yo era un chavo. En la secundaria, a través de las reseñas de Elías Nandino supe que existía un lugar llamado “Taller” y que en él, los que asistían, escribían cuentos y poemas, que Nandino “había inaugurado” los primeros talleres en la ciudad. El levantamiento del EZLN derivó una serie de manifestaciones artísticas, entre las cuáles estaba el rock que escuchaba en esa época, y de alguna u otra manera, me enseñaba la importancia de manifestar nuestras ideas, por radicales que estas fueran, el EZLN, ubicó a mi generación en la conciencia social. Y por la visita de Raúl Bañuelos a la preparatoria, descubrí que los escritores eran de carne y hueso, y que estaban más cerca de nosotros.
Los años noventa fue una época importante para la producción literaria en Jalisco, bien lo ha documentado Pedro Valderrama, en su libro El perímetro de la hoja, como fue el desarrollo de la creación literaria a través de la aparición de revistas icónicas de la época; Trashumancia, El Zahir, o Luvina, por mencionar algunas. Y esta vez, prepara otro trabajo, en el cuál reúne una pequeña compilación de poetas que les nos tocó vivir y producir en la década de los noventa y principio del dos mil.  
Esperando también la llegada de ese trabajo y celebrando  este por recuperar la memoria, ¿Qué hacía yo en esas épocas? La finalidad de este texto tiene como propósito hacer una crónica, sin más intención que recordar, como lo haría cualquier persona en una plática informal al calor de una cerveza o un café, tal vez porque cuando hablamos del pasado, en realidad conversamos con nosotros mismos sobre lo fuimos o dejamos de hacer.
Era la preparatoria 7, el programa se llamaba “Escritores en tu prepa” y era coordinado desde SEMS por César López Cuadra, y Raúl Bañuelos el escritor que nos visitaba. La charla tuvo un gran impacto en mis aspiraciones como escritor, y en mi afán me inscribí a dos talleres escolares y a dos talleres externos. En la escuela, me inscribí al taller que coordinaban Miguel Reinoso y Luis Rico Chávez, y al taller que coordinaba Efraín Amador Sánchez. Fuera de la escuela, asistía al taller “Elías Nandino” coordinado por Artemio González García, en el Ex convento del Carmen y al Anti-Taller César Vallejo coordinado por Raúl Bañuelos. La asistencia de estos talleres marcó de manera significativa mi vida. Cada uno reveló aprendizajes diferentes.
Entre semana asistía al taller de Miguel Reinoso y Luis Rico en la escuela y por los miércoles en la noche, asistía al Ex convento del Carmen, al taller de Don Artemio González. Los sábados estaban destinados al taller de Efraín Amador en la escuela y después del mediodía, me trasladaba a la Casa de las Palabras y las Imágenes, del Departamento de Estudios Literarios de la UdeG, en donde Raúl Bañuelos, de manera generosa, nos adentraba al mundo de la poesía.
Eran los años noventa, y todo estaba en pleno apogeo. Yo los chavos más jóvenes que asistían al taller y no era el único. Había una camada de chavitos que no alcanzábamos los dieciocho años, pero que veíamos con entusiasmo lo que sucedía alrededor. En el taller, varias veces llegó Raúl con ejemplares de Trashumancia, de Juglares y Alarifes, de Luvina o de libros que simplemente compartía y rifaba entre nosotros.
Allí conocí gente como Fernando Toriz, Jorge Orendaín, Alejandro Zapa, Blas Roldán o Felipe Ponce, allí supe de proyectos como el Hoyo, o Arlequín. Por supe de la existencia del Tianguis Cultural, y de la existencia de proyectos culturales y literarios que se hacían o tenían vida en Guadalajara.
Tal vez una cosa llevó a la otra, lo mismo asistía a los miércoles literarios, que a tocadas en el Tianguis Cultural. Lo mismo conseguíamos alguna publicación de Alimaña drunk, del Seis “El padrote de la muerte” que asistíamos a la presentación de algún libro en la Sala Elías Nandino. Era parte de la vida literaria y cultural que existía en la Ciudad y de la cual fui aprendiendo como  si los más jóvenes fuéramos una esponja.
Lo que nos tocó a los jóvenes de la generación a la que pertenezco fue aprender de lo que se estaba generando en la década de los noventa. Y con esas ansías llegamos a la siguiente década donde habríamos de desarrollar nuestros propios proyectos y contar nuestras historias.

II
¿Cómo llegamos a la siguiente década? Durante toda nuestra niñez el 2000 estuvo presente, si un año venidero tenía resonancia era el 2000, porque en ese año se acabaría el mundo. Y tal recordemos con gracia el miedo que provocaba el Y2K, en la que supuestamente, los sistemas digitales iban a colapsar.  Afortunadamente, nada pasó. Pero las condiciones que se habían presentado en la década anterior si habían cambiado.  Daba la sensación que los más jóvenes habíamos asistidos  a una gran fiesta de adultos, y era nuestro momento de hacer la propia. Y añorábamos hacer lecturas, revistas y libros como lo había hecho la generación que nos había antecedido, sin embargo las condiciones eran otras y teníamos la obligación y el desparpajo de hacer nuestra propia historia.
Para el año 2000, ya había tenido mis primeros poemas publicados, tenido mi primera lectura, ya había terminado la prepa y había desertado de la Carrera de Ingeniería Civil, de la cual solo duré cuatro semestres. Me di de baja para ingresar a la Carrera de Letras Hispánicas en CUCSH,
En esa época conocí a Bethsabé Ortega, Víctor César Villalobos, Marco Antonio García, Hugo Plascencia, Juan Antonio Cervantes, Marlene Zertuche, éramos muy jóvenes y nos juntábamos en el patio de la escuela, a veces cotorreábamos, había un compañerismo y una camaradería, y el ímpetu de hacer cosas.  En la facultad, ya existían colectivos que proponían publicaciones y lecturas, cuando nosotros entramos existía la revista “Nuestra Casa” que después derivó en Memoria de la Voz, y que al frente estaba Isidro Delgado, Lourdes González Salmerón.
Nosotros queríamos hacer algo y asistíamos a las reuniones en cada de Marco Antonio Gabriel. Intentamos hacer un periódico Recienyegango, proyecto que por azares del destino nunca cuajó. Pero esas bases, nos sirvieron para organizar lecturas que se llevaron a cabo en el café Epicúreos, que se encontraba en Avenida Unión y López Cotilla. En esa época teníamos claro algo, queríamos aprender, y queríamos adentrarnos en el mundo literario de Guadalajara. Nos abrimos a toda corriente de pensamiento, a todas las formas de concebir lo literario. Trabajos de equilibrar las mesas, entre las personas que apenas se acercaban a la literatura y las que ya eran referentes en esa época. Teníamos como referente, las lecturas que organizó Raúl Bañuelos en la Mutualista. Nosotros pretendíamos hacer un puente generacional, por las mesas de lectura lo mismo pasó Dante Medina, o Karla Sandomingo, o Alejandro Zapa, que los jóvenes que veníamos empujando en esa época.
Las lecturas derivaron en la creación de la revista Espejo Humeante, nombre que tomamos del libro de Juan Bañuelos y la cual pretendía ser un homenaje. Sacamos dos números, y una serie de desencuentros nos orilló a todos a tomar caminos por separados.
Pero de esa época, de esa etapa nosotros solo fuimos uno de los tantos proyectos que había, en esa época surgieron las revistas El pregón de los Gambusinos en el Iteso, En la masmédula que era dirigida por Cecilia Magaña y Diego Villaseñor, y los proyectos más interesantes de la década, La revista La voz del esfinge, que había nacido en la década anterior con Antonio Marts, La revista Reverso, dirigida por Carlos López de Alba, y Tragaluz que dirigía Carmen Villoro,  así como Metrópoli dirigida por Carlos Vicente Castro que surgió a finales de la década, en 2008.
En la primera década del siglo XXI el panorama cambió completamente con respecto a lo que se vivió en la década de los noventa. Lo digital nos dio forma, el Internet se convirtió en el canal de promoción y difusión, los que fuimos jóvenes en esa década, nos relacionamos con otros grupos de otras latitudes gracias a los blogs, a los chats, a los Messenger, los MSN Space, o los grupos en Hotmail.  Fuimos los primeros jóvenes que mudamos a las plataformas digitales, sin que ellos significaran renunciar a las publicaciones impresas.
 Tal vez sea necesario conocer y estudiar qué pasó en esa primera década del siglo XXI. El cambio de paradigma entre lo impreso y lo digital. En la manera de relacionarse, de crear, de producir. Tal vez lo que pueda contarse de esa época y de esas historias apenas están en ciernes. Y lo que vemos sea solo una pieza de un gran rompecabezas que puede mostrar uno de los cimientos de que se produjo después del 2000, una historia que aún está muy reciente.  

martes, abril 16, 2019

Poema de Abigael Bojorquez (Corboca 1936 – Hermosillo 1995)



Abigael Bojorquez (Corboca 1936 – Hermosillo 1995)

AGUSTIN
(NOTICIA DE MUERTE CON LA QUE SE CONSTERNA UN CUATE, AL ESCUCHAR POR LA RADIO, VELORIO, PASIÓN Y SHOW CON EL QUE EL CADAVER DE AGUSTÍN LARA, QUE MURIÓ DESPUES DE FUNDAR UN HUERTO)

A los cinco y minutos de la tarde del sexto día
y en la última pesca de sirenas, a la que concurrió
como simple curioso
por tener un fémur quebrado y el corazón a punto del poema,
murió Agustín Lara, músico, poeta y flaco,
como un pajarito de sí mismo,
y dando un ronco grito de rey viejo
que inventó su retraso.
En noviembre de mil novecientos setenta
Y con el soñar trizado en lo más blando,
murió,
en el último turno de sol,
Agustín Lara,
casi sin equipaje;
y me duele hasta el vaso que no cesa,
el otoño que se levanta y anda,
y la canción,
aunque yo sepa que un día como el de hoy
toda canción se trunca,
como las golondrinas de azúcar glass
que ya no le cupieron
en el corazón.

Mientras tanto, señoras y señores,
hacemos un envío de micrófonos a la X.E.W.
La Voz de la América Latina desde México
adelante compañero;
y dentro de breves instantes,
vamos a constatar que todos nuestros cantores,
artistas y demás no encuentran palabras
para expresarse
la chaparrita de oro Dora María no dice nada
porque no tiene palabras.
entrevista Alemán Velasco a Libertad Lamarque
la que tampoco encuentra palabras con qué expresar su dolor
y a través de la que estamos  muy trijtes
y todo le ha chegado al alma;
Jorge Mistral llorando tequilísimas lágrimas
dice que quisiera estar acompañando allí adentro
en el cajón
y viene Linda Arce y nadie quería darnos una razón
y esto es horrible horrible,
Joselito Huerta opina que es un enorme honor
que el mejor flaco del mundo
hubiera muerto en México,
y todos están encantadísimos con los pormenores del show,
los que le conocieron cuando muy niño,
los que conocieron a su papá y a la Chata Sozaya,
los que presenciaron su ascendimiento
los que ahora se apretujan para que descienda requetebién;
y hace su aparición Ana María Fernández, su primera interprete
que viene desde Honolulú esquina con Niño Perdido,
y se habla del enorme huevo que deja vacío
y del que va a llenar;
y los locutores tampoco tienen palabras
con qué hacerse entender,
irreparable, inenarrable, dicen, no se ha muerto Agustín,
no lo puedo creer, sólo se nos ha adelantado;
y Ana María González, aferrada al micrófono,
dice que España toda llora entre misa y misa
partido y partido, genuflexión y mentada y genuflexión
y Olga Guillot no dice que Cuba llora,
pero nosotros sabemos que sí,
mientras que el mundo está de luto y ay, Agustín
que estás allí escuchando,
y aguas, que se desmaya Amparo Montes;
y atraviesa la pasarela Juan Zaizar y dice:
primero vino Revancha y luego Mujer y Rosa,
Te vendes, María bonita, Imposible y Pecadora;
y los compositores que están bastante hablantines para su edad,
dicen que se resienten retristes,
y, mano te quiero decir que se nos ha ido al hoyo
las más grandes cabezas y Alvaro Carrillo y Tata Nacho
y ya nos tocará;
y mañana lo velaremos en Bellas Artes, pero en un pasillo;
y será sepultado en la super retonta de los hombres sin lustre,
precisamente atrasito de Juventino Rosas, hermano del alma;
y dentro de quince días,
cuando las difusoras,
las discotecas,
los clubes de admiradores y el niño, dicen,
y el adulto con su chamarra, su Alarma bajo el brazo   
y el cansancio reflejado en su rostro,
viene a entregar su corona de flores, dicen,
con Agustín se va una parte de nosotros, dicen,
con Agustín perdemos al pupitre y el primer amor, dicen;
y ya que siempre no
pongan listones negros en las fachadas de las casas,
y hasta el hocico de los comentaristas,
se olvidarán,

y aparece Chavela Durán confundida con el pueblo de México
y tampoco tienen palabras; y Chela Campos
“la dama del bastón de cristal”, hace su entrada
pero con bastón de Apizaco (los tiempos cambian, claro),
y nadie ha visto a Toña la Negra por ninguna parte
-será por el color-;
las tres almejas no caben por la puerta, calma, primero una;
ahí está Pedro Vargas, pobrecito, y Ninón no pudo venir
porque está crudísima;
le habla Zabludowsky a la Félix a París; lo siente mucho,
pero no tiene palabras con qué expresar su modorra;
pero señora, son las cinco de la mañana en París,
por eso ya dije que lo siento mucho;
qué más quiere que le diga?
(Y cuelga en un largo bostezo sin acordarse de Acapulco);
mientras el Flaco de Oro
toca y canta y canta y canta
desde sus innumerables discos y entre entrevistas y entredichos  
que para qué
si no tienen palabras con qué expresarse,
mientras hacemos un nuevo envío de micrófonos
a la X.E.W., adelante, compañero,
y mira tú qué lindo gusanito en la frente de Agustín,
y ya no lo dejes caer más en tentación, Señor,
ya recógetelo y líbrale de todo mal comentario;
Consuelito Velázquez habla de doscientos cincuenta mil pesos,
eso sí, que recibía regularmente Agustín por regalías
y que si no hay herederos pasarán al Fondo de Músicos
y más de cuatro no tienen palabras con qué expresar
su codicia,
mientras amanece el primer día
sin Agustín vivo
sobre
la
tierra.   

domingo, abril 29, 2018

Identidades dinámicas de la poesía mexicana, Abigael Bohorquez y Raúl Bañuelos.


Identidades dinámicas de la poesía mexicana, Abigael Bohorquez y Raúl Bañuelos.

Cuando se habla de poesía mexicana, ¿Desde qué perspectiva se habla de lo mexicano? Y más aún, si esta es una constante construcción inacabada y difícil de así. Tratar de definirla es casi imposible, la implementación de criterios de selección para una antología resulta una tarea imposible si consideramos que la literatura también es parte de un proceso histórico, que además se compone de diferentes realidades.
Cada lengua propone una realidad, Harold Bloom propone en el Canon Occidental una identidad literaria revisada desde lo histórico, y separa los escritores contemporáneos imprescindibles en tres grupos que corresponden a tres periodos históricos de la historia Universal. La edad Aristocrática, en donde pone al centro a William Shakespeare, junto con Cervantes y Moliere. La Edad Democrática en la que pone a Emily Dickenson, a Wordsworth  o Whitman entre otros, y la Edad Caótica en la que figura Freud, Neruda, Borges, Pessoa , Wolf.
En la revisión de autores propuestos en este libro, Harold Bloom, nos acerca a la conformación de un canon entendido como una serie de lectura que de alguna manera nos dan identidad como cultura occidental.
¿Pero qué pasa en México, ya como una región muy delimitada en tiempo y espacio?
En el caso del Canon occidental, si antepone una época clásica que antecede a la moderna, y el escritor mayor recae en la figura de Homero.  En México existe el debate sobre cual deberían ser las raíces propias que nos configuran como pueblo.  Para algunos es necesario partir de la época Precolombina,  y de allí escritores como Nezahualcóyotl, o el libro del Popol Vu son parte de la poesía mexicana,  y autores  Sor Juana Inés de la Cruz forma parte de la literatura Novo hispánica,  deberían considerarse. Sin embargo se cuestiona  el origen de lo “mexicano” y se propone su configuración a partir de la mezcla de las culturas indígenas originaria y la española conquistadora. Por lo que escritores Precolombinos y Novo hispánicos quedan como referentes de las raíces, pero lo “mexicano”, ya como una identidad consolidada, está en lo mestizo.  

Y si revisamos lo histórico, tendríamos que tomar en cuenta que el México moderno, ha pasado por las luchas de Independencia, las guerras de intervención, la República Restaurada, el Porfiriato, La Revolución Mexicana, El México Institucional, y la época contemporánea. Y en cada etapa de su historia la configuración de lo mexicano ha estado de la mano de la necesidad de definir lo mexicano  con ideologías y características diferentes, por lo que la definición de lo “mexicano “resulta imposible de definir.

Cada antología de poesía mexicana tratan de definir esta identidad, y paralelamente aparece una discusión entono a los escritores que presenta. Antología de la Poesía  Mexicana Moderna de Jorge Cuesta y publicada en 1928, estuvo cuestionada por Manuel Maples Arce quien en 1940 publica su visión de la poesía moderna, retomando el mismo nombre de la antología de cuesta.
Octavio Paz en Poesía en Movimiento, propone una revisión histórica de la poesía,  en la que ubica a los poetas jóvenes como un origen y al pasado histórico como un destino. Esta Antología también estuvo envuelta en el cuestionamiento. Gabriel Zaid propone como respuesta a la antología de Paz, Ómnibus de la poesía mexicana y Asamblea de poetas Jóvenes. Juan Domingo Argüelles también propone una nueva revisión de la poesía mexicana partiendo desde lo histórico en dos libros: Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días y Antología general de la poesía mexicana. De la segunda mitad del siglo XX a nuestros días.
Los esfuerzos por definir están allí, sin embargo la poesía mexicana es imposible de asir, los referentes históricos están en constante movimiento, la obra de autores que en su momento fueron ignorados, o poco valorados vuelven a salir a la luz y son nuevamente revaloradas, encontrando escritores que no figuraban en la escena nacional, o que eran relegados. Los nombres de Ramón Martínez Ocaranza, Juan Martínez,  Carlos Gutiérrez Cruz o Enrique Gonzalez Rojo vuelven a ser retomado por los escritores jóvenes, y los referentes históricos se desplazan para dar lugar a una nueva revaloración de poéticas y también forman parte de una concepción poética.
Lo “mexicano” es imposible de definir, su construcción histórica también está en formación, los pocos más de 200 que llevamos como país independiente no nos bastan para definirnos, la poesía escrita en estos años, y en las épocas anteriores, nos habla también que hay mucho por descubrir desde los referentes históricos.  Las antologías solo son un acercamiento a esa identidad viva y dinámica. Para mostrar este panorama que conforma una identidad dinámica dentro de la poesía mexicana revisemos dos casos:
1.      Abigael Bohorquez la configuración de lo Árido.
En región norte de México, su clima es árido. En Sonora  el clima es semi-seco, llueve solo dos meses por año, y ha llegado a presentar severas sequías.  El desierto es paisaje que se adentra y nos llama a recorrer nuestros páramos y sombras. 
Nuestra primera puerta en la situamos en la figura de Abigael Bohorquez.  Nuestra decisión de comenzar con él nuestra partida es porque sobre él recaerá, uno de los preceptos mencionados en la introducción del artículo, el movimiento de los referentes históricos  en la búsqueda de una identidad poética,  Además es brindarle un pequeño homenaje, ya que su producción poética fue poco valorada en su momento.
En la búsqueda de una identidad poética que parta desde los cambios que han presentado a través de lo histórico, son recurrentes los nombres de José Emilio Pacheco, de Homero Aridjis, de Hugo Gutierrez Vega, de Juan Bañuelos, e incluso de José Carlos Becerra… y ninguno de los estudiosos de la literatura ponen en tela de juicios se aporte y su valor a la poesía, gozaron del reconocimiento que sustentaba su obra. Todos ellos formaban de una misma generación, compartieron del mismo contexto históricos aunque las búsquedas diferentes fueron, más o menos las mismas. Abigael Bohorquez no. Hoy sabemos que parte de su vida la contra corriente fue constante, y en la exclusión sistemática e institucional encontró su modus vivendi. 
El clima semi-seco y la escasez de agua provoca que la gente del norte economice lo más que pueda sus recursos, además el ambiente desértico esta condición provoca una unión entre sus habitantes, saben que para salir adelante debe apostarse a la empatía y a la comunicación franca. Es decir, la presentación de la palabra sin tapujos de por medio:
Pero
he aquí
que Abigael Bohórquez
tiene que vivir.
A como dé lugar, se dice.
Resuelve. Vuelve a sentar palabra.
Y premoniza.
Andando.
Hoy es día de muertos.
Y por eso.
        
Con estas líneas comienza la recopilación hecha por Claudia Barreda en el libro Poesía en Prenda, editada por Mantis editores - Écrits des Forges en 2010.  Bohorquez hace de sí un centro poético, no para mostrar ni para vanagloriarse. Sino porque tiene que configurarse ante él, la indiferencia social y la exclusión.
Su desierto interno, en toda su obra poética, no lo abandonará. Por lo que su poesía se tornará confesional e íntima. Con ella recorre un mundo en el que sabe;  que no le pertenece.
En sus poemas convive la derrota congénita. El tiempo desaparece y lo que el poeta enuncia no tiene tiempo. La noche evoca sus fantasmas internos y lo obliga a dormir y despertar con ellos:
Suben las escaleras de la noche
con guantes de amargura
mis voces,
porque no pueden irse ni quedarse.
Por acostarse con la soledad
mis huesos,
nadie los quiere.

La soledad y la melancolía, es la constante y la configuración de su ser, la noche se tiende y sabe que sobre la ciudad, solo es un forastero. No pertenece, a ningún sitio. Debe explicarse para sí, quién es. La conformación de su yo poético, desde lo interno y para lo interno, le hacen crear un espacio lejos de la exclusión y señalamiento. Él sabe que es, y que la ciudad que le recorre no le pertenece, esa la constante en su diálogo íntimo: La definición en los espacios a los que no pertenece.
Su condición marginal, y marginado, le provocaron no figurar en los compendios de poesía de su época, paso casi en calidad de invisible. Murió entre el 25 y 26 de noviembre de un paro al corazón, si su vida estuvo llena de exclusión y soledades, enfrentó su muerte en solitario, su cuerpo fue descubierto días después.
Hoy, a décadas de su muerte, su obra aparece en el panorama de la poesía contemporánea, los más jóvenes descubren en su poesía una torrencial luz, y una poesía llena de vida tras esa máscara decadente. A su muerte, cambia el registro de la identidad poética y comienza la transformación, a un nuevo referente histórico.

Raúl Bañuelos la configuración de la niñez y del barrio.

En la búsqueda de un registro nacional, los compiladores pocas veces toman en cuenta que cualquier esfuerzo por mostrar un panorama, dejará de lado recovecos que solo podrían mostrarse con una mirada microscopia, y en ellos se revelará, sin esos prejuicios regionales o localistas, una poesía con una profundidad y una trasparencia universal.
En un caso similar al de Abigael Bohojorquez se encuentra en la poética de Raúl Bañuelos, aunque su poesía goza de un reconocimiento muy cálido en el Estado de Jalisco, en el panorama nacional es una voz que se está re-descubriendo por los poetas jóvenes.
¿De dónde nace la voz poética? La comunidad es el espacio donde se confiere rasgos y características del hombre. En ella se crean códigos, y formas de pensamientos válidos en los que se ha de dirigir lo comunal. La voz poética entonces también es una posibilidad y una comunión entre todos.
La poesía de Raúl Bañuelos le corresponde ser el poeta de Poeta de la comunidad, aquél que es capaz de recoger la voz de todos, de sus necesidades, de sus preocupaciones y de sus participaciones y comuniones para ofrecerlas al propio pueblo:
Todos los pobres son comunistas naturales.
Pero no los pueden exterminar a todos.
Los poderosos tendrían que trabajar
la tierra, velar sus fábricas, dar
clases de filosofía y ética a sus hijos,
ponerse a forjar su cuerpo de danzarines,
hacerse músicos y poetas para beber
el tinto de la tarde sin conciencia de culpa,
aprender a mirar la lluvia
sin impaciencia.

Esta característica de permitirá entrar al poema desde su naturaleza mística. Poesía es comunión, lo que le pertenece a uno, le pertenece a todo. La poesía es la palabra abrasadora cálida, a veces quema, pero otras veces (la más reconforta).
La búsqueda de una poesía para los demás, y la comunión mística, nos regresan al origen. En este punto, es posible la reconstrucción de la memoria histórica, no desde la narración cronológica de los hechos, no desde la eternización de las fechas, sino desde la eternización de lo sensitivo, desde una lógica y un razonamiento emotivo y poético.
La voz poética de Raúl, se nutre de las demás voces. Escucha de los demás poetas y encuentra en ellos la propia.
Con esa voz, reconstruye el tiempo, desdobla el barrio, y lo trae al presente. El origen del barrio es mítico, de él nace las historia y la colectividad tiene sentido y alma, y todos existen porque son  nombrados, y son nombrados porque el alma brota como un ojo del agua para que todos nos bañemos en la nostalgia:
Tú eras un niño en dos piernas
para andar toda la distancia
de la casa de tu vida
a la tienda de la esquina,
por un chicle, dos refrescos, tres estampas
para el álbum de las cosas que viven
y mueren.
La nostalgia nos lleva irremediablemente a la niñez, en el caso de Raúl Bañuelos, su voz no es una remembranza a la infancia, es su niñez hecha voz. El descubrimiento y el asombro son elementos esenciales para explicarse el mundo. Raúl se desdobla, y sabe que su niño tiene una edad interminable, es decir, los años no acaban o no merman su capacidad de razonar desde una lógica elemental y mística.
Al niño que fui
tengo que decirle tanto.
Que no se suelte de mi mano,
por ejemplo, porque me pierdo
o lo atropellan.
Que lo quiero todavía
La poesía de Bañuelos se vuelve generosa, está para todos y en cualquier momento. En su esencia vital, esta es característica de su persona. Su casa está abierta para todos. Durante décadas ha llevados talleres de manera gratuita, ha sido un buen maestro para muchos y para todos aquellos que buscan un acercamiento personal a la poesía, como él mismo lo ha dejado escrito “A la poesía todo/ se lo debo./ Y no tengo poesía/ con qué pagarle” 



Selección de poemas


Abigael Bohorquez (Sonora, 1936 – 1995)
Uno de los poetas más interesantes de México. Estudió arte dramático en el INBA y en el Instituto Cinematográfico de Radio y Televisión de la ANDA. Fue secretario del Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad de Sonora; catedrático de la Academia de Arte dramático; secretario del Departamento de Difusión Cultural del INBA; Colaboró en El Nacional y El Sonorense (columnista de “De domingo a domingo te tengo que ver”). Entre sus poemarios se encuentran: Acta de confirmación (1966), Memorias de Milpa Alta (1976), Desierto Mayor (1980), Las amarras terrestres, antología poética (1957-1995) Abigaeles, poeníñimos, (1991) entre otros.


Noche Noche

Aguardo a que la noche
se tienda sobre este forastero que soy;
que el viento exista porfiadamente;
que el ruido se desclave
de los innumerables remiendos;
que la sal vuelva al agua en sudor
de los amantes adrede
y mi madre se duerma harta de trabajar
veinticuatro horas en el corazón de la pobreza;
espero a que la noche
pague su alto precio de soledad,
que la pródiga crianza salga al sueño
y los perros estén ahora más acá de sí mismos
y no haya a quién volver la mirada;
doy tiempo a que no venga nadie
y a que nosotros, los perversantemente sufridos,
poetas del mal amor,
no nos importe mucho estar cercados,
desahuciados, a medio vivir,
y a que sigamos siendo los pospuestos,
los baldados,
los quietecitos, los enclenques herederos;
a que haya en mi corazón un día largo de
[impugnaciones;
y a que tenga que reconocer que aquí sí pasa algo
que no es la felicidad.

Espío a que no vengas
y a que las calles no desembarquen ya
sus habituales pertinencias;
a que debes estar triste por no encontrar
dónde enterrarme;
y a que estoy pobre, pobre como los asnos
que todos los días a las once de la mañana
rebuznan, como nada que pueda alegrarme;
y a que este jueves de mi novecientos setenta
cumplo los treinta y tres años que no he terminado
de nacer;
espero a que se parta en dos la medianoche,
a que el gorrión suspenda su menudo cadáver,
el gallo se alce de hombros,
el polvo vuelvo al polvo su inefable materia,
y a que sea verdad que no tenga cómo disimular
tanta desesperanza.

Aguardo a que la noche
su tienda sobre este forastero que soy,
para decirte
que me acabo, aun cuando sea en vano,
y envejezco
de no poder hacer más que la vida,
amarga a boca llena.
Me acabo de existir a mediambre,
a mediagua,
a mediapenas.
Me acabo acorralado,
descontentísimo,
enojado de mi palabra,
de mis ojos daltónicos,
de mi fracaso categórico como hombre para sembrar,
de que sólo me queda
otra lista de cárceles qué visitar,
de que, escribiéndote,
no atino más que el llanto.

Ah, Poesía,
si no fuera el racionado de soñar,
el varias veces arrendado,
el violentado de no saber
de cuál lado acostarse para que no amanezca,
el despojado de quién irá a cerrar sus ojos
a la hora de la hora,
el que no tiene puños para obligar al mundo a que lo
salve,
el tonto hasta en la manera de estar de sobra
y sin remedio,
aquel niño precoz,
aquel adolescente escarnecido,
aquel joven de la difícil facilidad,
aquel mano tendida para ganar ingratitudes,
el en algún tiempo tenaz,
el perdónalo todo y casi todo,
el sirve para todo y para nada,
el desencantado de los espejos,
el gravemente melancólico,
el afanoso dos veces incurable de creer
que la ternura servía para algo,
el alquilado de su lealtad,
el creyente de Judas,
el arrebatado hasta de su camisa para el que tiene frío,
el ruidoso de silencios,
el que solía volverle el niño desde el pecho,
el reclavado a los recuerdos,
el que gritaba que cambiara el mundo y lo apaleaban,
el que, desde la infancia, retenía al dolor
como al más fiel inquilino de su casa,
el que sobre su vida temblaban
las oscuras constancias del amor,
el que no sabía cómo alguna vez
pudo ocurrirnos la pureza,
el de la esperanza que comía panes desesperados,
el de la inocencia de no haber sido un inocente,
el que debió haberse sentado cien veces
a la mesa de la última cena,
el que mandar estar, permanecer
en este orden de esplendorosos y rapaces excrementos,
el del rabioso seguir viviendo
pese a que ya no hay tiempo,
el de la saliva que no se gasta para los amorosos viajeros,
el del hombre triste muy cerca de los ojos,
el buscador de las abejas para creer en los que venden
miel,
el de las sandalias fastidiadas de tanto andar
harturas de injusticia,
el que ahora se acaba también de punta a punta
de la tristeza.
Aguardo a que la noche se tienda
sobre este forastero que soy
y me quedo tranquilo dentro del vaso.
Es ahí donde vivo,
donde olvido,
y no hay en cien leguas a la redonda
un poeta,
escribiéndole al vino,
como yo.
*

Nocturno



Cuando de noche, en casa,
los ruidos amortiguan sus azogues
y un silencio iracundo
hace sonar silencios condolidos;
cuando enmudece el tráfago y las cosas
reconquistan su sitio acostumbrado;
cuando desde las calles minoran los estrépitos
y uno mismo es la casa y la memoria
de algo que testifica y nos contiene;
cuando todo se calla
y quedo capitulante,
solo, a mitad de la sala,
es cuando siento que vive en todas partes
la señora mi madre;
la oigo cantar sus cosas jovencísimas
de cuando era muchacha,
recomponer el orden perturbado,
perseverar en el afán su escoba,
reamasar en la harina su infancia desteñida,
tostar, moler y hervir el café cotidiano,
reprocharle a mi vida los flagelos del vino,
despedrar las lentejas,
estofar las cebollas,
y aliñar el chorizo con los clavos;
después en el corral juntar los huevos,
nombrar con dulce voz a las gallinas,
volver de allá con nabos y con flores,
con ejotes y coles hortelanas.
Luego sale un momento por la leche,
habla a las codornices con su lengua silvestre,
viene a comer su pan con mantequilla,
sorbe el café, se sienta,
vuelve a ponerse en pie, da trigo a sus palomas,
compone las verduras del puchero,
saca la ropa sucia, la remoja,
descorre las cortinas, tiende las camas, cose,
y clava, pule, plancha, se reprende,
riega sus plantas, desyerba la hortaliza,
cava, siembra, desgrana unas mazorcas,
revisa el gasto diario, no descansa,
viene y va en el amor mi madre ausente,
y en la callada noche
y en la casa callada,
algo de su ajetreo y de su gracia
me hace creer que sigue aquí conmigo,
y cuando ella regrese,
o cuando ella se marche definitivamente,
sé que cuando más triste,
desvalido y agraz la necesite,
la escucharé de nuevo
en la callada noche
y en la noche callada
recomenzar su trajinar celeste.


Raúl Bañuelos

(Guadalajara 1954) Una de las voces más representativas e interesantes de Jalisco. Estudió Letras por la U. de. G. Ha sido profesor e investigador, ha coordinado talleres literarios desde 1985. Es autor de los libros Tan por la vida, Por el chingo de 184 cosas que vivimos juntos, Cantar del forastero, Poema para un niño de edad innumerable, Casa de sí, Junturas, Puerta de la mañana, Verónica de María, Cantos del descampado. Bebo mi limpia sed.


Cuando tenga tiempo
cuando tenga tiempo
voy a mirar en el telescopio
las estrellas para ver
el polvo de donde dicen que estoy hecho.
Cuando tenga tiempo de tener tiempo
voy a seguir la ruta de las hormigas
que me quedó pendiente desde niño.
Pero ahora no tengo tiempo ni tantito
ocupado como estoy en descifrar el rayo de luz
que da sobre la ventana.


*

Guadalajara 



El tajo es el río más hermoso que existe
porque no lo conozco
—y lo más hermoso es lo que está por conocerse siempre.
Y lo que conozco del Tajo me lo ha dicho
quien dice desde un nombre no inventado sino
surgido del propio río de su tinta
Y aunque no existiera el Tajo es el río más
hermoso que corre por este poema
como si corriera por el pueblo de
Alberto Caeiro que corría por las venas
de Pessoa (aquel poeta que tenía cuatro
poetas cuando menos en sí solo, dice Gelman)
y que ahora se detiene un instante en la lluvia
de esta tarde
Y es como si el río San Juan de Dios que corría
por otra ciudad fuera el Tajo que ha muerto
por mano del hombre necio hace cien años o más
«Por el Tajo se va hacia el mundo»
Y por el río de mi calle que sigo viendo
se ha ido fuera del mundo pasando por España
y Portugal y todas las otras piedras del Río

*

Uno es solo

uno es solo.
Toma café con agua de tierra.
Tiene la boca de papel cartón.
Tiene a veces compañía.
Uno es solo.
Toma una guitarra entre los dientes
y no canta. No tiene sal
para ciertas amarguras. Es a veces
compañía.
Allá cada y cuando muerde dulcemente
una naranja buena. Y no tiene su soledad.
Uno es solo: de por sí solo.
Duerme de sus propios sueños o trabaja.
Y despierta al mundo a vivir una gota del temporal.
Es así. Pasa un trago, dos—tres tragos amargos. Da
lo que es, o se queda solo.
Uno amanece. Y al abrir los ojos
asoma a la ventana: el mundo es dos gatos, un poste
unas voces en la lejanía. Recuerda su sueño.
Se baña del agua que le toca.
Se viste de su piel, sus gestos, sus palabras.
Dice: ¿Qué tiene que ver la guerra con todo esto:
mis calcetines, el sabor agrio de la boca,
el jugo de las naranjas.
Amanece uno. Tiene cierta paz, ganas de andar
la tierra, cosas que deshacer. Y abre la puerta. Sale.


 
Bibliografía

Enciclopedia de la literatura en México, Abigahel Bohorquez, consultado el día 23 de septiempre: http://www.elem.mx/autor/datos/1952
Breve antología de Abigael Bohorquez, en Círculo de poesía, consultado el 24 de septiembre, http://circulodepoesia.com/2010/10/breve-antologia-de-abigael-bohorquez/.
Bohorquez Abigahel, Poesía en Prenda, Écrits des Forges, Mantis editores, Instituto Sonorense de Cultura y Universidad Autónoma de Sinaloa. Quebec, Canadá, Toronto (2010).
Bañuelos Raúl, Dante Medina, Jorge Souza, Poesía Viva de Jalisco, Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara 2004.
Bañuelos Raúl, Puertas del Cielo, Ed. Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, Guadalajara (2010).