viernes, septiembre 09, 2005

la universalidad y movimiento en la poesia


I


Quizá de entrada la realización de un ensayo en el cuál pretenda cuestionarme sobre lo que es el acto poético, uno de los recursos más inútiles y desleales que existe para consigo mismo. Cada persona que se atreva a adentrarse a la poesía debe conocer sus alcances y sus limitaciones ante ella, pero no por eso debe engañarse haciéndose creer que sus limitaciones son los alcances reales que tiene la poesía. Los Eufemismos, vanaglorias para la calificación de las obras en los propios autores resultan de lo más indigno que hay en el ser humano. La búsqueda de un creador (llámese poeta o lector) está, o por lo menos, debería enfocarse a la participación y padecimiento de la poesía, llevada esta a un terreno sublime o metafísico, donde lo más importante es la revelación de un ser universal, que está en todos.

Comenzaré diciendo que no hay nadie, a mi parecer, que pueda llevar a un lector de la mano por la totalidad de la poesía, porque quien pretenda hacerlo, puede caer en sus propios errores y llegar a un destino cerrado, sin ninguna posibilidad de recreación. La poesía no puede y nunca podrá ser abarcada en su totalidad. Considero al análisis como un corte transversal a un ser en movimiento. El poder cinético de las palabras encapsulado en un momento. La poesía vista como un punto de fuga que se propaga hacia otro movimiento.

Tampoco pretendo legitimar a ningún autor ante su obra, o viceversa. Ni mucho menos ante el lector. Se ha dicho por la sociología que su valor estético lo otorga un grupo social y con esto se legitima el arte. Este aspecto no me interesa entrar en él, el primer acercamiento es a partir de la poesía misma, es decir, de la experiencia que se produce al participar de ella. El valor estético de la obra es individual, esta se revela en la unidad. Cuando las unidades se van tejiendo se puede hablar de la colectividad, la poesía se revela desde lo individual. No puedo pasar de alto su carácter social. La poesía como un producto social o de masas. Pero este aspecto muy importante para los sociocríticos o los estudiosos en la sociología de la literatura, pero para el creador no interesa. La cadena se mira desde los eslabones y no del conjunto.

¿Pero cual es la importancia de lo individual ante lo colectivo? Lo colectivo suele verse desde lo individual, la revelación y la participación acontece de manera individual, así como su originalidad y extrañeza. Sin embargo aquí si podemos introducir unos de los términos más inexactos y ambiguos de la poesía: la universalidad. Cuyo atributo, condición o lo que fuere este concepto, hace que una obra sea perdurable. ¿Qué es la universalidad? La experiencia es uno de los puntos referenciales más importantes de la poesía, ya que en ella se vierte y se manifiesta, por medio del lenguaje, la poesía. El efecto es dual, va de la experiencia a la poesía y de la poesía a la experiencia, de manera dialéctica. Sin embargo la vida del autor no interesa a un lector, si desease saber de su vida, leería en su caso una biografía.

Lo que se busca en el poema es lo que repercute. Aquello que leído, provoca una catarsis. No antes, ni después, sino en el momento. Que leído deja la sensación de habernos tocado, lo que nos hace participes al fenómeno poético. La universalidad tiene que ver con esto, tiene que ver con lo que nos hace parte de la unidad, es, lo que sin poder describir o explicar, nos hace parte del mundo o de un universo del cual no puede describirse sus límites, o la existencia sin limitantes.

La universalidad de la obra nos lleva o nos remite a la empatía de la misma, no solo con el otro, sino también con el medio. El otro como la parte que sin ser un yo, si representa una de las variantes de la identidad que se construye en un continuo hacerse. Estoy hablando de lo individual en lo colectivo, sin embargo no he dicho que es la soledad donde se crea o se recrea la creación poética. El poeta, independiente de su naturaleza social, de la cual jamás podrá renunciar, se vuelve un ser taciturno y aislado, donde la poesía y el fenómeno poético se vuelven, como lo diría alguna vez Ricardo Yánez, una soledad de buena compañía.
II


He hablado de la cuestión universal de la obra, ¿pero qué la genera? dudo que algo en especial genere la poesía, vuelvo nuevamente a su carácter metafísico, y de esa manera a mi creencia lo sublime en ella. Dudo que algo sea lo suficientemente sagrado para que lo genere, existe a pesar del hombre, por su carácter metafísico, con esto quiero dejar y arrojar a los suelos la imagen del poeta como un ser divino, elegido o tocado por dios. La experiencia y la contemplación puede revelarnos los diversos fenómenos poéticos, lo que va de quien lo escribe a quien solo participa es la conciencia y la necesidad. Esto es un poco confuso, lo que trato de explicar es que todos somos capaces de experimentar, e incluso, me atrevo a decir (no a afirmar) es que la experiencia poética se nos revela a todos en cualquier momento, la diferencia radica, en la conciencia, así como la necesidad de trasmitirlo y la intención en hacerlo. De esta manera, el oficio del poeta, es el mismo que cualquier otro, que se hace con la necesidad y conciencia que cada persona tiene en su individualidad. La poesía no es ajena al ser humano, y en ese sentido a cualquiera puede revelarse.

Siguiendo por el camino de la revelación quiero llegar al concepto, en su carácter sublime y metafísico, de la palabra. No puedo explicar que es la palabra, porque evidentemente también es uno de los más complejos que existen en poesía y no tengo la capacidad, ni la autoridad para definirla, la palabra se va definiendo en la medida que habla, lo importante para el poeta, es dejar que ella hable, que en ella se revele de manera escrita la poesía.

La palabra es donde se finca el lenguaje, y esto hace posible el movimiento de la poesía, a diferencia de los grandes filósofos que piensan que el lenguaje es la casa donde habita, yo concibo a la poesía como un continuo movimiento y que la poesía tiene en su haber, dos naturalezas o condiciones, una cinética y otra potencial de la cual hablaré en seguida, lo que si quiero es tomar a la poesía como un movimiento perpetuo. Imaginemos un río, el agua corre de forma continua, si su cauce es demasiado pequeño y el agua es bastante, el río se desbordará y perderá forma. Si el cauce es excesivamente grande, el agua puede perderse, parecería que tendería a desaparecer el agua, o peor aún, en tiempo de sequías, el río puede estar seco. El lenguaje es donde se contiene el agua y es posible su movimiento. La poesía solo es posible cuando entre el cauce y el agua hacen posible el río en una sintonía armoniosa. La importancia del lenguaje radica en que permite el libre fluir. Y el de la palabra decir las cosas que ha dicho desde siempre.

No concibo la poesía como una expresión estática, como pretenden verla algunos de los nuevos estudiosos de la misma, no creo que se reduzca a un estado de contemplación, mi creencia va hacia la poesía como una forma de movimiento, no instaurándose en un punto fijo, sino a través, del movimiento, como lo dijo en alguna ocasión Keneth Pathchen, la única manera de mover a la poesía es haciéndola mover, de la misma manera en la que necesitaríamos mover una roca demasiado pesada de su lugar.
III


Octavio paz decía que la poesía se insertaba en la ruptura y la tradición, así como en una obra cerrada y otra abierta. Y José Ramos, sobre el vaivén de la literatura, como un movimiento pendular. Lo que si es cierto, (o al menos me gusta más pensar en estos términos) es sobre la poesía como un constante movimiento, no generándose, ni en un destino o en un origen, o en una ruptura o en la tradición, la poesía no tiene un fin o destino fijo, está en constante movimiento. En ese sentido podemos hablar de lo que en física llamaríamos energía cinética o en energía potencial, como una condición de manera análoga en la poesía, donde lo que importa es el movimiento en sí mismo, o su potencialidad para realizarlo, es decir, sale de la contemplación para crear el movimiento en ella y concentrarse de manera interna, o para dispararse hacía el exterior. Y en ese mismo sentido, también hablar de una energía potencial, que es la que un cuerpo en reposo, puede generar.

Hay que recordar que de la energía cinética, que depende del movimiento de las moléculas en un cuerpo, la materia obtiene su estado físico. Entre mayor movimiento, las partículas estarán mayor dispersas, o por el contrario, entre menor movimiento habrá mayor cohesión. Y ambas propiedades, haciendo una analogía estarían expresadas en la poesía, lo que nos llevaría a una obra abierta o cerrada, tan volátil que ella misma provocaría los cambios internos como una posibilidad de lectura, o con una forma de cohesión tan fuerte, incapaz de penetrar la misma.

Si le poesía estuviera dotada de partículas que hicieran posible un todo, o la unidad, estaríamos frente a un estado cinético con las cuales se crearía un posible movimiento interno y acelerado, donde su motor principal se encuentra en la poesía. Cuando lo que generara dicho movimiento le proviene del exterior, el movimiento interno hace que su poesía bulla, se disperse y se vuelva penetrable, accesible el lector. No como un reflejo de la realidad del cual, pareciera tomar referencia, si no como un generador de otra realidad. Obedece a un movimiento interno, que hace posible que la obra se vuelva abierta y se dispare hacía tantos puntos posibles. Se volatiza y se condensa en un mismo movimiento sin que llegue a un final predestinado, sino por el contrario, genera tantas posibilidades, como puntos de pensamiento.
¿Y para qué toda esta sarta de babosadas y jaladas que he dicho acerca de la poesía, el movimiento, y lo que lo genera? Lo que quiero hacer con este ensayo es fijar una postura ante el acto poético. No para mostrar o demostrar nada, la poesía es y punto. El acto poético repercute, la cuestión extrapoética que se presenta en torno a ella, nada tiene que ver con su existencia, ni mucho menos con la revelación de la misma. El poeta no tiene que ser, ni será un ser divino, mucho menos un ser diferente a cualquier otro. No es, ni más, ni menos que un pobre profesor que no hace otra cosa que desquitar sus frustraciones ante sus alumnos, o el anónimo carpintero que ha hecho de su trabajo, la manera más decente de hacer su vida. Las prácticas sociales y la manera de relacionarse con el mundo, no tiene nada que ver con el acto poético, es un pendejismo total y absoluto detenerse ante las situaciones y condiciones extrapoéticas, que rodean el medio literario. La existencia de los diversos grupos literarios, rivalidades, y políticas nada tiene que ver con su carácter sublime, todo lo demás es parte la relaciones de poder que se generan a través de la practica. No me interesa lo que pueda opinar cualquiera, si no es desde el acto poético, si no es desde la concepción de la poesía misma. No en los barbarismo y la poca conciencia crítica de quienes, en su afán de deslegitimar (según ellos y sus propias creencias), olvidan la poesía misma