domingo, abril 29, 2018

Identidades dinámicas de la poesía mexicana, Abigael Bohorquez y Raúl Bañuelos.


Identidades dinámicas de la poesía mexicana, Abigael Bohorquez y Raúl Bañuelos.

Cuando se habla de poesía mexicana, ¿Desde qué perspectiva se habla de lo mexicano? Y más aún, si esta es una constante construcción inacabada y difícil de así. Tratar de definirla es casi imposible, la implementación de criterios de selección para una antología resulta una tarea imposible si consideramos que la literatura también es parte de un proceso histórico, que además se compone de diferentes realidades.
Cada lengua propone una realidad, Harold Bloom propone en el Canon Occidental una identidad literaria revisada desde lo histórico, y separa los escritores contemporáneos imprescindibles en tres grupos que corresponden a tres periodos históricos de la historia Universal. La edad Aristocrática, en donde pone al centro a William Shakespeare, junto con Cervantes y Moliere. La Edad Democrática en la que pone a Emily Dickenson, a Wordsworth  o Whitman entre otros, y la Edad Caótica en la que figura Freud, Neruda, Borges, Pessoa , Wolf.
En la revisión de autores propuestos en este libro, Harold Bloom, nos acerca a la conformación de un canon entendido como una serie de lectura que de alguna manera nos dan identidad como cultura occidental.
¿Pero qué pasa en México, ya como una región muy delimitada en tiempo y espacio?
En el caso del Canon occidental, si antepone una época clásica que antecede a la moderna, y el escritor mayor recae en la figura de Homero.  En México existe el debate sobre cual deberían ser las raíces propias que nos configuran como pueblo.  Para algunos es necesario partir de la época Precolombina,  y de allí escritores como Nezahualcóyotl, o el libro del Popol Vu son parte de la poesía mexicana,  y autores  Sor Juana Inés de la Cruz forma parte de la literatura Novo hispánica,  deberían considerarse. Sin embargo se cuestiona  el origen de lo “mexicano” y se propone su configuración a partir de la mezcla de las culturas indígenas originaria y la española conquistadora. Por lo que escritores Precolombinos y Novo hispánicos quedan como referentes de las raíces, pero lo “mexicano”, ya como una identidad consolidada, está en lo mestizo.  

Y si revisamos lo histórico, tendríamos que tomar en cuenta que el México moderno, ha pasado por las luchas de Independencia, las guerras de intervención, la República Restaurada, el Porfiriato, La Revolución Mexicana, El México Institucional, y la época contemporánea. Y en cada etapa de su historia la configuración de lo mexicano ha estado de la mano de la necesidad de definir lo mexicano  con ideologías y características diferentes, por lo que la definición de lo “mexicano “resulta imposible de definir.

Cada antología de poesía mexicana tratan de definir esta identidad, y paralelamente aparece una discusión entono a los escritores que presenta. Antología de la Poesía  Mexicana Moderna de Jorge Cuesta y publicada en 1928, estuvo cuestionada por Manuel Maples Arce quien en 1940 publica su visión de la poesía moderna, retomando el mismo nombre de la antología de cuesta.
Octavio Paz en Poesía en Movimiento, propone una revisión histórica de la poesía,  en la que ubica a los poetas jóvenes como un origen y al pasado histórico como un destino. Esta Antología también estuvo envuelta en el cuestionamiento. Gabriel Zaid propone como respuesta a la antología de Paz, Ómnibus de la poesía mexicana y Asamblea de poetas Jóvenes. Juan Domingo Argüelles también propone una nueva revisión de la poesía mexicana partiendo desde lo histórico en dos libros: Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días y Antología general de la poesía mexicana. De la segunda mitad del siglo XX a nuestros días.
Los esfuerzos por definir están allí, sin embargo la poesía mexicana es imposible de asir, los referentes históricos están en constante movimiento, la obra de autores que en su momento fueron ignorados, o poco valorados vuelven a salir a la luz y son nuevamente revaloradas, encontrando escritores que no figuraban en la escena nacional, o que eran relegados. Los nombres de Ramón Martínez Ocaranza, Juan Martínez,  Carlos Gutiérrez Cruz o Enrique Gonzalez Rojo vuelven a ser retomado por los escritores jóvenes, y los referentes históricos se desplazan para dar lugar a una nueva revaloración de poéticas y también forman parte de una concepción poética.
Lo “mexicano” es imposible de definir, su construcción histórica también está en formación, los pocos más de 200 que llevamos como país independiente no nos bastan para definirnos, la poesía escrita en estos años, y en las épocas anteriores, nos habla también que hay mucho por descubrir desde los referentes históricos.  Las antologías solo son un acercamiento a esa identidad viva y dinámica. Para mostrar este panorama que conforma una identidad dinámica dentro de la poesía mexicana revisemos dos casos:
1.      Abigael Bohorquez la configuración de lo Árido.
En región norte de México, su clima es árido. En Sonora  el clima es semi-seco, llueve solo dos meses por año, y ha llegado a presentar severas sequías.  El desierto es paisaje que se adentra y nos llama a recorrer nuestros páramos y sombras. 
Nuestra primera puerta en la situamos en la figura de Abigael Bohorquez.  Nuestra decisión de comenzar con él nuestra partida es porque sobre él recaerá, uno de los preceptos mencionados en la introducción del artículo, el movimiento de los referentes históricos  en la búsqueda de una identidad poética,  Además es brindarle un pequeño homenaje, ya que su producción poética fue poco valorada en su momento.
En la búsqueda de una identidad poética que parta desde los cambios que han presentado a través de lo histórico, son recurrentes los nombres de José Emilio Pacheco, de Homero Aridjis, de Hugo Gutierrez Vega, de Juan Bañuelos, e incluso de José Carlos Becerra… y ninguno de los estudiosos de la literatura ponen en tela de juicios se aporte y su valor a la poesía, gozaron del reconocimiento que sustentaba su obra. Todos ellos formaban de una misma generación, compartieron del mismo contexto históricos aunque las búsquedas diferentes fueron, más o menos las mismas. Abigael Bohorquez no. Hoy sabemos que parte de su vida la contra corriente fue constante, y en la exclusión sistemática e institucional encontró su modus vivendi. 
El clima semi-seco y la escasez de agua provoca que la gente del norte economice lo más que pueda sus recursos, además el ambiente desértico esta condición provoca una unión entre sus habitantes, saben que para salir adelante debe apostarse a la empatía y a la comunicación franca. Es decir, la presentación de la palabra sin tapujos de por medio:
Pero
he aquí
que Abigael Bohórquez
tiene que vivir.
A como dé lugar, se dice.
Resuelve. Vuelve a sentar palabra.
Y premoniza.
Andando.
Hoy es día de muertos.
Y por eso.
        
Con estas líneas comienza la recopilación hecha por Claudia Barreda en el libro Poesía en Prenda, editada por Mantis editores - Écrits des Forges en 2010.  Bohorquez hace de sí un centro poético, no para mostrar ni para vanagloriarse. Sino porque tiene que configurarse ante él, la indiferencia social y la exclusión.
Su desierto interno, en toda su obra poética, no lo abandonará. Por lo que su poesía se tornará confesional e íntima. Con ella recorre un mundo en el que sabe;  que no le pertenece.
En sus poemas convive la derrota congénita. El tiempo desaparece y lo que el poeta enuncia no tiene tiempo. La noche evoca sus fantasmas internos y lo obliga a dormir y despertar con ellos:
Suben las escaleras de la noche
con guantes de amargura
mis voces,
porque no pueden irse ni quedarse.
Por acostarse con la soledad
mis huesos,
nadie los quiere.

La soledad y la melancolía, es la constante y la configuración de su ser, la noche se tiende y sabe que sobre la ciudad, solo es un forastero. No pertenece, a ningún sitio. Debe explicarse para sí, quién es. La conformación de su yo poético, desde lo interno y para lo interno, le hacen crear un espacio lejos de la exclusión y señalamiento. Él sabe que es, y que la ciudad que le recorre no le pertenece, esa la constante en su diálogo íntimo: La definición en los espacios a los que no pertenece.
Su condición marginal, y marginado, le provocaron no figurar en los compendios de poesía de su época, paso casi en calidad de invisible. Murió entre el 25 y 26 de noviembre de un paro al corazón, si su vida estuvo llena de exclusión y soledades, enfrentó su muerte en solitario, su cuerpo fue descubierto días después.
Hoy, a décadas de su muerte, su obra aparece en el panorama de la poesía contemporánea, los más jóvenes descubren en su poesía una torrencial luz, y una poesía llena de vida tras esa máscara decadente. A su muerte, cambia el registro de la identidad poética y comienza la transformación, a un nuevo referente histórico.

Raúl Bañuelos la configuración de la niñez y del barrio.

En la búsqueda de un registro nacional, los compiladores pocas veces toman en cuenta que cualquier esfuerzo por mostrar un panorama, dejará de lado recovecos que solo podrían mostrarse con una mirada microscopia, y en ellos se revelará, sin esos prejuicios regionales o localistas, una poesía con una profundidad y una trasparencia universal.
En un caso similar al de Abigael Bohojorquez se encuentra en la poética de Raúl Bañuelos, aunque su poesía goza de un reconocimiento muy cálido en el Estado de Jalisco, en el panorama nacional es una voz que se está re-descubriendo por los poetas jóvenes.
¿De dónde nace la voz poética? La comunidad es el espacio donde se confiere rasgos y características del hombre. En ella se crean códigos, y formas de pensamientos válidos en los que se ha de dirigir lo comunal. La voz poética entonces también es una posibilidad y una comunión entre todos.
La poesía de Raúl Bañuelos le corresponde ser el poeta de Poeta de la comunidad, aquél que es capaz de recoger la voz de todos, de sus necesidades, de sus preocupaciones y de sus participaciones y comuniones para ofrecerlas al propio pueblo:
Todos los pobres son comunistas naturales.
Pero no los pueden exterminar a todos.
Los poderosos tendrían que trabajar
la tierra, velar sus fábricas, dar
clases de filosofía y ética a sus hijos,
ponerse a forjar su cuerpo de danzarines,
hacerse músicos y poetas para beber
el tinto de la tarde sin conciencia de culpa,
aprender a mirar la lluvia
sin impaciencia.

Esta característica de permitirá entrar al poema desde su naturaleza mística. Poesía es comunión, lo que le pertenece a uno, le pertenece a todo. La poesía es la palabra abrasadora cálida, a veces quema, pero otras veces (la más reconforta).
La búsqueda de una poesía para los demás, y la comunión mística, nos regresan al origen. En este punto, es posible la reconstrucción de la memoria histórica, no desde la narración cronológica de los hechos, no desde la eternización de las fechas, sino desde la eternización de lo sensitivo, desde una lógica y un razonamiento emotivo y poético.
La voz poética de Raúl, se nutre de las demás voces. Escucha de los demás poetas y encuentra en ellos la propia.
Con esa voz, reconstruye el tiempo, desdobla el barrio, y lo trae al presente. El origen del barrio es mítico, de él nace las historia y la colectividad tiene sentido y alma, y todos existen porque son  nombrados, y son nombrados porque el alma brota como un ojo del agua para que todos nos bañemos en la nostalgia:
Tú eras un niño en dos piernas
para andar toda la distancia
de la casa de tu vida
a la tienda de la esquina,
por un chicle, dos refrescos, tres estampas
para el álbum de las cosas que viven
y mueren.
La nostalgia nos lleva irremediablemente a la niñez, en el caso de Raúl Bañuelos, su voz no es una remembranza a la infancia, es su niñez hecha voz. El descubrimiento y el asombro son elementos esenciales para explicarse el mundo. Raúl se desdobla, y sabe que su niño tiene una edad interminable, es decir, los años no acaban o no merman su capacidad de razonar desde una lógica elemental y mística.
Al niño que fui
tengo que decirle tanto.
Que no se suelte de mi mano,
por ejemplo, porque me pierdo
o lo atropellan.
Que lo quiero todavía
La poesía de Bañuelos se vuelve generosa, está para todos y en cualquier momento. En su esencia vital, esta es característica de su persona. Su casa está abierta para todos. Durante décadas ha llevados talleres de manera gratuita, ha sido un buen maestro para muchos y para todos aquellos que buscan un acercamiento personal a la poesía, como él mismo lo ha dejado escrito “A la poesía todo/ se lo debo./ Y no tengo poesía/ con qué pagarle” 



Selección de poemas


Abigael Bohorquez (Sonora, 1936 – 1995)
Uno de los poetas más interesantes de México. Estudió arte dramático en el INBA y en el Instituto Cinematográfico de Radio y Televisión de la ANDA. Fue secretario del Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad de Sonora; catedrático de la Academia de Arte dramático; secretario del Departamento de Difusión Cultural del INBA; Colaboró en El Nacional y El Sonorense (columnista de “De domingo a domingo te tengo que ver”). Entre sus poemarios se encuentran: Acta de confirmación (1966), Memorias de Milpa Alta (1976), Desierto Mayor (1980), Las amarras terrestres, antología poética (1957-1995) Abigaeles, poeníñimos, (1991) entre otros.


Noche Noche

Aguardo a que la noche
se tienda sobre este forastero que soy;
que el viento exista porfiadamente;
que el ruido se desclave
de los innumerables remiendos;
que la sal vuelva al agua en sudor
de los amantes adrede
y mi madre se duerma harta de trabajar
veinticuatro horas en el corazón de la pobreza;
espero a que la noche
pague su alto precio de soledad,
que la pródiga crianza salga al sueño
y los perros estén ahora más acá de sí mismos
y no haya a quién volver la mirada;
doy tiempo a que no venga nadie
y a que nosotros, los perversantemente sufridos,
poetas del mal amor,
no nos importe mucho estar cercados,
desahuciados, a medio vivir,
y a que sigamos siendo los pospuestos,
los baldados,
los quietecitos, los enclenques herederos;
a que haya en mi corazón un día largo de
[impugnaciones;
y a que tenga que reconocer que aquí sí pasa algo
que no es la felicidad.

Espío a que no vengas
y a que las calles no desembarquen ya
sus habituales pertinencias;
a que debes estar triste por no encontrar
dónde enterrarme;
y a que estoy pobre, pobre como los asnos
que todos los días a las once de la mañana
rebuznan, como nada que pueda alegrarme;
y a que este jueves de mi novecientos setenta
cumplo los treinta y tres años que no he terminado
de nacer;
espero a que se parta en dos la medianoche,
a que el gorrión suspenda su menudo cadáver,
el gallo se alce de hombros,
el polvo vuelvo al polvo su inefable materia,
y a que sea verdad que no tenga cómo disimular
tanta desesperanza.

Aguardo a que la noche
su tienda sobre este forastero que soy,
para decirte
que me acabo, aun cuando sea en vano,
y envejezco
de no poder hacer más que la vida,
amarga a boca llena.
Me acabo de existir a mediambre,
a mediagua,
a mediapenas.
Me acabo acorralado,
descontentísimo,
enojado de mi palabra,
de mis ojos daltónicos,
de mi fracaso categórico como hombre para sembrar,
de que sólo me queda
otra lista de cárceles qué visitar,
de que, escribiéndote,
no atino más que el llanto.

Ah, Poesía,
si no fuera el racionado de soñar,
el varias veces arrendado,
el violentado de no saber
de cuál lado acostarse para que no amanezca,
el despojado de quién irá a cerrar sus ojos
a la hora de la hora,
el que no tiene puños para obligar al mundo a que lo
salve,
el tonto hasta en la manera de estar de sobra
y sin remedio,
aquel niño precoz,
aquel adolescente escarnecido,
aquel joven de la difícil facilidad,
aquel mano tendida para ganar ingratitudes,
el en algún tiempo tenaz,
el perdónalo todo y casi todo,
el sirve para todo y para nada,
el desencantado de los espejos,
el gravemente melancólico,
el afanoso dos veces incurable de creer
que la ternura servía para algo,
el alquilado de su lealtad,
el creyente de Judas,
el arrebatado hasta de su camisa para el que tiene frío,
el ruidoso de silencios,
el que solía volverle el niño desde el pecho,
el reclavado a los recuerdos,
el que gritaba que cambiara el mundo y lo apaleaban,
el que, desde la infancia, retenía al dolor
como al más fiel inquilino de su casa,
el que sobre su vida temblaban
las oscuras constancias del amor,
el que no sabía cómo alguna vez
pudo ocurrirnos la pureza,
el de la esperanza que comía panes desesperados,
el de la inocencia de no haber sido un inocente,
el que debió haberse sentado cien veces
a la mesa de la última cena,
el que mandar estar, permanecer
en este orden de esplendorosos y rapaces excrementos,
el del rabioso seguir viviendo
pese a que ya no hay tiempo,
el de la saliva que no se gasta para los amorosos viajeros,
el del hombre triste muy cerca de los ojos,
el buscador de las abejas para creer en los que venden
miel,
el de las sandalias fastidiadas de tanto andar
harturas de injusticia,
el que ahora se acaba también de punta a punta
de la tristeza.
Aguardo a que la noche se tienda
sobre este forastero que soy
y me quedo tranquilo dentro del vaso.
Es ahí donde vivo,
donde olvido,
y no hay en cien leguas a la redonda
un poeta,
escribiéndole al vino,
como yo.
*

Nocturno



Cuando de noche, en casa,
los ruidos amortiguan sus azogues
y un silencio iracundo
hace sonar silencios condolidos;
cuando enmudece el tráfago y las cosas
reconquistan su sitio acostumbrado;
cuando desde las calles minoran los estrépitos
y uno mismo es la casa y la memoria
de algo que testifica y nos contiene;
cuando todo se calla
y quedo capitulante,
solo, a mitad de la sala,
es cuando siento que vive en todas partes
la señora mi madre;
la oigo cantar sus cosas jovencísimas
de cuando era muchacha,
recomponer el orden perturbado,
perseverar en el afán su escoba,
reamasar en la harina su infancia desteñida,
tostar, moler y hervir el café cotidiano,
reprocharle a mi vida los flagelos del vino,
despedrar las lentejas,
estofar las cebollas,
y aliñar el chorizo con los clavos;
después en el corral juntar los huevos,
nombrar con dulce voz a las gallinas,
volver de allá con nabos y con flores,
con ejotes y coles hortelanas.
Luego sale un momento por la leche,
habla a las codornices con su lengua silvestre,
viene a comer su pan con mantequilla,
sorbe el café, se sienta,
vuelve a ponerse en pie, da trigo a sus palomas,
compone las verduras del puchero,
saca la ropa sucia, la remoja,
descorre las cortinas, tiende las camas, cose,
y clava, pule, plancha, se reprende,
riega sus plantas, desyerba la hortaliza,
cava, siembra, desgrana unas mazorcas,
revisa el gasto diario, no descansa,
viene y va en el amor mi madre ausente,
y en la callada noche
y en la casa callada,
algo de su ajetreo y de su gracia
me hace creer que sigue aquí conmigo,
y cuando ella regrese,
o cuando ella se marche definitivamente,
sé que cuando más triste,
desvalido y agraz la necesite,
la escucharé de nuevo
en la callada noche
y en la noche callada
recomenzar su trajinar celeste.


Raúl Bañuelos

(Guadalajara 1954) Una de las voces más representativas e interesantes de Jalisco. Estudió Letras por la U. de. G. Ha sido profesor e investigador, ha coordinado talleres literarios desde 1985. Es autor de los libros Tan por la vida, Por el chingo de 184 cosas que vivimos juntos, Cantar del forastero, Poema para un niño de edad innumerable, Casa de sí, Junturas, Puerta de la mañana, Verónica de María, Cantos del descampado. Bebo mi limpia sed.


Cuando tenga tiempo
cuando tenga tiempo
voy a mirar en el telescopio
las estrellas para ver
el polvo de donde dicen que estoy hecho.
Cuando tenga tiempo de tener tiempo
voy a seguir la ruta de las hormigas
que me quedó pendiente desde niño.
Pero ahora no tengo tiempo ni tantito
ocupado como estoy en descifrar el rayo de luz
que da sobre la ventana.


*

Guadalajara 



El tajo es el río más hermoso que existe
porque no lo conozco
—y lo más hermoso es lo que está por conocerse siempre.
Y lo que conozco del Tajo me lo ha dicho
quien dice desde un nombre no inventado sino
surgido del propio río de su tinta
Y aunque no existiera el Tajo es el río más
hermoso que corre por este poema
como si corriera por el pueblo de
Alberto Caeiro que corría por las venas
de Pessoa (aquel poeta que tenía cuatro
poetas cuando menos en sí solo, dice Gelman)
y que ahora se detiene un instante en la lluvia
de esta tarde
Y es como si el río San Juan de Dios que corría
por otra ciudad fuera el Tajo que ha muerto
por mano del hombre necio hace cien años o más
«Por el Tajo se va hacia el mundo»
Y por el río de mi calle que sigo viendo
se ha ido fuera del mundo pasando por España
y Portugal y todas las otras piedras del Río

*

Uno es solo

uno es solo.
Toma café con agua de tierra.
Tiene la boca de papel cartón.
Tiene a veces compañía.
Uno es solo.
Toma una guitarra entre los dientes
y no canta. No tiene sal
para ciertas amarguras. Es a veces
compañía.
Allá cada y cuando muerde dulcemente
una naranja buena. Y no tiene su soledad.
Uno es solo: de por sí solo.
Duerme de sus propios sueños o trabaja.
Y despierta al mundo a vivir una gota del temporal.
Es así. Pasa un trago, dos—tres tragos amargos. Da
lo que es, o se queda solo.
Uno amanece. Y al abrir los ojos
asoma a la ventana: el mundo es dos gatos, un poste
unas voces en la lejanía. Recuerda su sueño.
Se baña del agua que le toca.
Se viste de su piel, sus gestos, sus palabras.
Dice: ¿Qué tiene que ver la guerra con todo esto:
mis calcetines, el sabor agrio de la boca,
el jugo de las naranjas.
Amanece uno. Tiene cierta paz, ganas de andar
la tierra, cosas que deshacer. Y abre la puerta. Sale.


 
Bibliografía

Enciclopedia de la literatura en México, Abigahel Bohorquez, consultado el día 23 de septiempre: http://www.elem.mx/autor/datos/1952
Breve antología de Abigael Bohorquez, en Círculo de poesía, consultado el 24 de septiembre, http://circulodepoesia.com/2010/10/breve-antologia-de-abigael-bohorquez/.
Bohorquez Abigahel, Poesía en Prenda, Écrits des Forges, Mantis editores, Instituto Sonorense de Cultura y Universidad Autónoma de Sinaloa. Quebec, Canadá, Toronto (2010).
Bañuelos Raúl, Dante Medina, Jorge Souza, Poesía Viva de Jalisco, Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara 2004.
Bañuelos Raúl, Puertas del Cielo, Ed. Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, Guadalajara (2010).







jueves, marzo 24, 2016

Eufórica de Andrés Cisneros

Eufórica de Andrés Cisneros 

Era 2006, trataba de sobrevivir como muchos de los que llegan a la Ciudad de México. En el Zócalo se instalaba la Feria Internacional del libro y en el área de editores independientes se encontraba un pequeño Stand en el que se vendía la revista Versodestierro.  Al pasar por sus pasillos fui abordado por Andrés Cisneros y Adriana Tafoya, quiénes me vendía de primera mano la revista. Recuerdo haberla comprado, porque, al igual que yo en esa época estábamos sobreviviendo en una Ciudad que me parecía un tanto cruel. Yo sobreviviendo a ella, buscando la posibilidad de trabajar en lo que fuere para salir adelante, y Andrés y Adriana sobreviviendo a un medio literario totalmente hostil y encarnizado contra todo aquel que asome su nariz para pertenecer al círculo, cuando quizá el circulo literario no busca escritores, ni mucho menos lectores, sino más bien aplaudidores y aduladores profesionales que eleven la autoestima del poeta correspondiente en la era del egocentrismo y en la construcción de las egotecas personales.
                Una vez terminada mi travesía por la Ciudad de México tuve la oportunidad de conocer más a fondo la poesía de Andrés, así como su calidad humana. La poética de la ruptura como una forma de actitud frente a las prácticas sociales que se instauran en el ejercicio poético, ha sido una constante tanto en su obra como en su persona. Los poetas van escribiendo su visión de la poesía durante todo el ejercicio de escritura, lo que llamamos voz; una construcción sintáctica, semántica y gramática subordinada a una intensión estética-poética , se va profundizando con el paso del tiempo.
                Entre la realidad y la poesía se construye un vínculo: una realidad simbiótica y dialéctica. La realidad no puede comprenderse sin el lenguaje y el lenguaje no existiría si no media la realidad. Y es en ese punto donde el poeta se hace consciente de la realidad poética.
                Eufórica de Andrés Cisneros abre con el apartado, No hay letras para escribir tu epitafio. Como origen de una realidad, nos encontramos con un mundo en ruinas, en una era quizá post apocalíptica, en donde el derrumbe y el abandono de los significados nos situaran en nuestra propia podredumbre y decadencia:

Si jalas este alambre el mundo colapsará a tus pies
—lo saben—
y si el hambre está en tus manos, espárcela
y si la muerte sale de tu casa, visita el mundo entero
que todos sepan qué poder se mueve en la tierra negra de tu mente
que le teman al árbol que de ella se alimenta
y procuren hincarse para no ser
destruidos.

La justicia, la igualdad, la seguridad, el derecho y todo lo que conforma la seguridad social poco a poco se va diluyendo, en la medida ese sistema social de grandes engranajes o de “gran calado para estar con la época” fue encerrándose en su propio confort y apatía. No es de extrañarse entonces que el inicio de la voz poética de Andrés estuviera originada en el grito y en la llamada de atención, en la búsqueda de equilibrio poético (quizá personal) que le permitiera movernos del letargo a una realidad activa y cambiente:
El equilibrista patea tordos
les pisa la cara les prensa la piel
contra el cuchillo del cable
presiona sus cuellos.
Peludos de plumas chillan
dan tijeretazos
desafinan
son violines descordándose
en el mar
Lo que sigue en la trayectoria propuesta por Andrés es ir desencarnando las palabras y sus sentidos, no para mostrarnos que dentro de las decadencias existe el alma, más bien es para llevarnos lejos de la “encarnación” con que los poetas actuales le impregnan a las palabras para mostrar o “demostrar” que está viva desde la cotidianeidad. Nos lleva lejos a donde el lector esté libre de las afectaciones emocionales con que otros poetas revisten las palabras por una imagen interesante, misteriosa pero sobre todo autocomplaciente.
                La trayectoria propuesta en Eufórica, esa línea que parte para hacernos avanzar y desaparecer el origen sin mostrarnos un destino, nos dice que la víscera también tiene espíritu y no solo la decadencia, lejos muy lejos de ese ideal exquisito con que se mira la poesía. Lo suyo es una constante guerra, incluso después de ella. La lucha diaria que muestra, que a pesar de lo aplastante de la vida cotidiana, la realidad busca el reclamo para mantenerse viva.
                Eufórica no gasta el término de antología, sino que centra el trabajo de Andrés en una revisión poética que permite a los lectores recrear una lectura diferente en cada uno. Dejo el siguiente poema quizá represente la poética personal de Andrés.

El equilibrista del puente
A estas alturas
el horizonte (siempre lejano)
es pensamiento
nunca boca
y sobre los cables
dibuja en su andar la vía del tren
una llaga un puente que arde
—hierro húmedo de brillo.
El equilibrista medita inmóvil
piernas de pájaro
los zancos —en zapatillas de faquir—
hormiguean las tensas ligas
apretándole las ámpulas
sangrantes
—y sus pies
tendones tiesos
raíces amarras
artríticas encarnaduras:
rotas arterias
que detienen
el paso de la inteligencia
sobre el tiempo.
Arriba de las torres el cielo explota.
Truena la tempestad
y el equilibrista parece caer
en la fractura
de las ideas. Lo empuja el oleaje del viento
hacia el precipicio
donde las aves son clavos
que sellan las ventanas del horizonte
y sus picos
filosas palas
que al girar su llave
cierran antiguas puertas.
El equilibrista patea tordos
les pisa la cara les prensa la piel
contra el cuchillo del cable
presiona sus cuellos.
Peludos de plumas chillan
dan tijeretazos
desafinan
son violines descordándose
en el mar.
Desecha la máscara suicida
se desanudan las nubes
y entre un aroma de estrellas
el cielo se desvanece.
Se arranca las ligas
libera los pasos
—y sin más aplauso
que el silencio—
logra el sorprendente acto:
desciende el puente y sale de la carpa

para nunca más volver.  

lunes, septiembre 28, 2015

El tren

se prende el silbato y corre
sobre sus rieles ninguna ciudad
es lo suficiente ajena

el maquinista
azora el motor
que corre apresurado
para llegar pronto
a lo lejos
el maquinista ríe y prende el silbato
para asustar palomas

llena las calderas de carbón
y sube el ritmo de la marcha
para que nadie lo vea

la gente no sabe que pasa por los rieles
miran a lo lejos y escuchan
la risa del niño que prende su silbato


lunes, julio 14, 2014

La re-significación de la muerte del monstruo en El péndulo de cal en Alondra Beber.






El lenguaje concibe la realidad y de manera dialéctica la realidad concibe al lenguaje. La relación dialéctica es intrínseca y al mismo tiempo inherente. Nombramos las cosas porque existen y al mismo tiempo se nombra las cosas para que sean descubiertas; las cosas existen para haya lenguaje y al mismo tiempo se nombra para que el universo sea descubierto, aunque sea desde el mundo de las ideas o de las concepciones.

En este principio, el mundo de lo que es posible nombrar, guarda una naturaleza que es exclusivo de los sentidos y de los significados. Lo real se desdobla y el lenguaje poético se convierte en una posibilidad dentro de esa realidad, donde las cosas adquieren el sentido de los significados. Todo lo que existe en el mundo es capaz de tener sentido, de ser simples objetos que son nombrados. Llegan al alma y lo que tocan son las esencias. La poesía tiene, entre sus atributos, revelar y tocar en las cosas que nombra; las esencias de las personas, de los lugares, de lo que hace universales.

¿Para qué poetas en tiempos de decadencia? La pregunta que nos hace Martin Heidegger, aun nos retumba hasta nuestros días. La realidad nacional se convierte en la historia personal, las batallas que se libran en el campo, el narcotráfico, la ejecución es parte de la realidad nacional y en el mismo tiempo de la historia personal de quienes están inmersas, ya sea de forma directa o indirecta, en esas circunstancias.

La poesía es una posibilidad, y al mismo tiempo, una realidad que necesita ser nombrada desde los sentidos que adquiere una nueva cultura de la muerte.


En El péndulo de Cal de Alondra Berber (Acapulco 1987) la tragedia nacional, se convierte en el origen de las esencias y en la historia personal. La muerte es sentida como una partida constante que no se acaba. La ejecución existe solo para que el muerto viva una y otra vez en la constante ejecución del mismo hombre que es asesinado una y otra vez. La eterna descarga perpetuándose al infinito:

Lo miré llorar
supe que en sus ojos las lágrimas existían
aunque todos dijeran que estaba seco.
Le dolía ser quien era, no tener
Un mundo a donde volver.
“Es un asesino” reclamaban
si me aproximaba decidida,
un asesino si me distanciaba hipócrita.
Un asesino, siempre, sin descanso.

¿Dónde estaba dios a las seis de la mañana? La realidad nos moldea, nos convierte en destino y no todos pueden zafarse. El monstruo no escogió su naturaleza, las circunstancia orillan, las historias de vida son complejas si se mira desde todas las cartas puestas en juego. Nadie ni el monstruo suele en ocasiones escoger su naturaleza dañina. El monstruo sueña con otra realidad, con otra posibilidad, real:

Yo lo miraba como santo, porque lo amaba
no era aquello que murmuraban al verme
pasar con el estigma de su caída. Nunca
encontré un gramo, no descubrí entre sus dedos en ansia
de un gatillo. Era, porque decían, porque escuchaba, pero en sus
hábitos el subtexto único era que no queríamos. Nada
hubiese reventado la burbuja


Alondra Beber nos muestra el cadáver, para transformar el contexto, para mirar aquellas cosas, que dentro de esa violencia y tragedia no alcanzamos a ver. Nuestras miradas no alcanzan a vislumbrar la magnitud de las circunstancias, el miedo que nos apodera y la cerrazón no permite diseccionar la realidad, mucho menos comprender que, hasta en la muerte de cualquier persona, del monstruo, en el corazón monstruo, existe una luz, que por pequeña que sea, es necesario mostrar para entender la fragilidad de nuestra existencia.

Los poemas de Alondra Beber, nos regresan de golpe a la realidad, sus palabras muestran las esencias de la personas y las clarifican.


El monstruo sueña con otra posibilidad real y la viuda sabe que la única liberación es por la muerte, es por el arrebato de la muerte. El alma no puede soportar tanta carga, y tanto daño en su esencia, solo la muerte es capaz de liberar, de limpiar las esencias. Sin saberlo, quizá, el monstruo pide y se prepara para su muerte. Sabe, que las cabezas en el cementerio de cal, reclaman los actos violentos, las viudas tiemblan, los huérfanos siguen llorando.

El llanto de la viuda que sigue viviendo la muerta de manera constante, nos cimbra la cabeza, es el eterno quejido, el llanto necesario para purificar las almas, la suya y las de los demás que con él mueren, la muerte toma otro sentido y otro significado porque es constante, porque no termina, porque las palabras están allí para hacernos partícipes, para buscar en nosotros nuestro lugar, nuestro espacio en este contexto. Alondra, nos hace partícipes para no estar indiferentes, para calmar, en las palabras, un poco del dolor, no ella, sino de todas las viudas y los huérfanos del narcotráfico, de su guerra sangrienta y sin sentido. Para purificar, para clarificar, para abrirnos los ojos de golpe:


Los ojos llueven todos
los meses. Grito. Nadie
voltea. Otra viuda de
monstruo, otra perra,
otro futuro cadáver de
cabellos largos
rebotando en el asfalto.
Mi idioma es el coraje,
pero sonrío Kafer, porque
quiero mi belleza en
el último relámpago de
la cámara.


Beber Alondra, El péndulo de cal, Ed. Versodestierro, México 2012.

lunes, mayo 12, 2014

El dogmatismo artístico: de la trascendencia a lo efímero.



“El que se mueva no sale en la foto”, “Tuvo sus cinco minutos de fama”, “Si no sale en la tele no es famoso”. En el siglo pasado, cuando la naturaleza virtual aun no nos invadía, este tipo de frases nos mostraban una necesidad social, inventada desde el colectivo, que la transcendencia era una aspiración real, aunque en el fondo sabíamos que todo lo que conocimiento, empírico o no; diacrónico o no, terminaría por mutarse.

El mismo hombre desde lo individual y en lo colectivo está consciente que llegará la muerte, y en esa idea el arte y su naturaleza nos revelan una cualidad permanente y flexible en el hombre; todo muere o se transmuta pero el arte revela la materia transcendental, aquella en la que es capaz de mostrarnos la Universalidad.

En el arte la Universalidad puede entenderse, no como aquello que no cambia, sino como aquello que nos hermana con los hombres de todas las épocas o espacios geográficos, así como también con todos los contextos en los que se desenvuelve e interactúa el hombre.

Sin embargo, son las interpretaciones del arte, las que en un momento determinado, ciertos grupos reduzcan la trascendencia a lo efímero del impacto de un ejercicio artístico o poético. El dogmatismo en el arte, inconsciente o no, es factor para que surjan “las transcendencia efímeras” en el arte y no la transcendencia de lo efímero.

Una imagen, un video, en la época del Internet, llega a lograr una resonancia de alto alcance, sin embargo puede desfigurarse cuando llega al último eslabón de las computadoras, que muy probablemente ni siquiera tenga existencia fuera del monitor. Lo que algunos grupos llegan a entender por “Arte” puede diluirse entre las redes sociales, a partir de la propagación viral, y no perder todo sentido o significado.


II
Acción Poética a la carga


Se ha documentado el movimiento de “Acción poética” que entre sus acciones consiste en buscar bardas en las que se fondean de blanco para escribir en ellas versos que despierten la “Conciencia social” hacer que la poesía se asequible para todos, quizá la pinta de en una barda nos haga conscientes del arte y la poesía en la vida cotidiana.

Una barda pintada de blanco, en la que se muestra un verso o un fragmento de poema, se convierte en una imagen viral que se propaga hasta el infinito. La contundencia de la imagen poética queda diluida, pierde el sentido y el significado, pareciera que de tanto mostrar la imagen, las redes sociales y el Internet, la convierte en una frase hecha que se propaga hasta el infinito. Si la el espectador o lector de la imagen no conoce el contexto en el que fue creada, no conocerá la trascendencia y la Universalidad que está inherente a la obra.

La pinta y su exhibición al infinito; la interpretación dogmática en la que existe la necesidad de hacer consciente al hombre del acto poético reduce la imagen poética a una trascendencia efímera.

Acción Poética Guadalajara convocó a una Mega pinta el 30 de marzo de este año, que tuvo como propósito pintar alrededor de cien bardas. De pronto litros y litros de pintura blanca cubrieron manifestaciones urbanas, que ya existían en las bardas de las calles aledañas al Expiatorio, en Guadalajara, para “concientizar” a la población de la existencia de la poesía en la vida cotidiana. Un grupo de artistas urbanos expresaron su descontento arguyendo que ningún movimiento social o artístico debería manifestarse, si este nacía silenciando a otro.

Las manifestaciones artísticas deben reconocer la inclusión de todas formas de pensamiento. El arte no se debe como una lucha literal con el arte, tal vez como una lucha metafórica con el arte. No se puede combatir la “Contaminación visual” con arte si no se concibe a la “Contaminación visual” como una forma de pensamiento. Un amigo me recordó a los grupos sociales que protestan en contra del gobierno y del sistema, utilizando formas anacrónicas y arcaicas. Que buscan “dentro de una ideología cerrada e ingenua” acabar con todas las formas posibles del sistema. Quizá tendría mayores resultados si diseñáramos una estatua al sistema y al gobierno no mayor a cincuenta centímetros, que nos recordara a cada momento la grandeza del pueblo ante cualquier sistema de gobierno.

Alejandro Jodorowsky habla, en el libro Psicomagia, de la necesidad de los actos poéticos que se conciben desde la espontaneidad, (que no se repetían, que dependían del momento y sobre todo que no se virilizaban), que buscaban despertar la consciencia social sobre las manifestaciones artística, aunque su impacto fuera efímero.

III
Acción patética a la carga.

Hoy es Mayo de 2014, a la entrada de la colonia Balcones de Santa María, por la avenida Camino Real a Colima, existen cuatro pintas de una estación de radio. Las frases hacen alusión a contenido sexista y misógino. Quizá cualquiera que respete las diversas formas de pensamiento, sentirá repulsión y aberración a lo que dicen y promueven, el sobajamiento de la mujer como género.

Quién está al frente de la campaña publicitaria de la estación de radio, quizá no entienda (y no tiene por qué entender) sobre la interpretación del arte, ni mucho menos pretenda explicar, mediante el dogmatismo el significado del arte. Lo que quizá si sabe es impacto que tienen los medios de comunicación, y sobre todo, las redes sociales en nuestro contexto. Una imagen virilizada puede llegar a millones y millones de usuarios. En tiende el sentido de la publicidad, y quizá, de lograr su cometido, logre manipular la situación a su favor. La estación de radio no representa los intereses de una sociedad, de un sistema de gobierno, sino representa los intereses de una empresa privada, que nada le quita, ni le abona ser o no ser una empresa socialmente responsable, ella solo busca quedar en el inconsciente de la gente.

Quienes gritan y censuran las pintas de la estación, vuelven a caer en un dogmatismo interpretativo, en las que se es posible pensar en la “represión de la libertad” como forma, políticamente correcta de convivir como sociedad. La solución no está en aceptar el mensaje misógino que se manifiesta en las pintas, como tampoco está en censurar las pintas. Quizá debemos aceptar que las manifestaciones misóginas, sexistas y machistas dañan a la mujer como género, y al mismo tiempo daña una sociedad.

Las pinta en las bardas en la calle Camino Real a Colima de Balcones de Santa María, nos recuerdan que aun existen muchos pendiente en esta sociedad, y que existe grupos empresariales, sociales, etc… que sus intereses están por encima del bien común. Ante eso la solución que cada uno puede aportar puede ser desde sus trincheras, denunciando, criticando, exigiendo la igualdad de género y el cese a la propaganda misógina y discriminatoria, contrarrestando los efecto de una campaña viral. La pinta nos recuerda que aun existen grupos que anteponen sus intereses y dañan profundamente, y que las palabras son una herida en la conciencia del pueblo.