miércoles, octubre 26, 2005

Estoy cansado. La antología casi la tengo realizada. Estos días no pienso hacer, absolutamente nada. A veces paso los días preguntándome, ¿qué chingados estoy haciendo? y me estreso. Pero confío en terminar pronto. Total, es un trabajo cuyo objetivo personal es el graduarme como licenciado en Letras Hispánicas, es mi trabajo de titulación (si me lo aceptan). También es un trabajo que lo tengo pensado para publicarse. Las Opiniones que me hacen llegar las escucho y analizo, todo para mí, es importante. Por lo pronto, tengo que encontrar los datos de publicación de las revistas que estuve consultando. También hacer un recuadro de los diferentes promotores culturales que se dedicaron a realizar lecturas públicas a lo largo del 2000 hasta la fecha. Lo mismo los talleristas. Leer unos cuentos. Todavía hay trabajo. Espero pronto terminar, pero estos días, mejor descanzo.


dos cuentos míos

Trabajo Sucio

La vieja que te gusta te ha mandado a la verga. La vieja puta. En realidad quisieras que fuera puta, que se la hayan cogido. Vas al baño y te masturbas, es una puta y hay que hacer algo. Te manchas la mano y las limpias con la lengua. Un esperma viaja a tu cerebro y recibe información: Es una puta. Imaginas rimel corrido, blusa desgarrada, su rostro lleno de golpes, vientre penetrado. La pendeja ha sido violada, eso es lo que se merece. Limpias nuevamente tu mano, imaginas: En un carro después de salir de una fiesta En la escuela. En un camellón oscuro. En su casa. No hay nadie, nadie puede venir ayudarla, tiene que gritar y gritar, pedir ¡ya no! ¡Ya no por favor! Piensas; la vieja puta ha bebido demasiado. Algún compañero la ha entretenido. Sale de su casa a comprar en alguna tienda. Sus papás han salido. Imaginas el desenlace, tomada alguien se ha ofrecido a llevarla en su carro y al llegar a un lugar deshabitado la ataca. El compañero la golpea hasta dejarla inconciente en el salón de clases. Al salir de la tienda un sujeto la toma y la lleva a un camellón. Algún vecino se mete a su casa. ¡Ya está!, te subes la bragueta, sales del baño, te diriges a tu escritorio. Sacas un cuaderno y comienzas a inventarme, después de todo, alguien tiene que hacer tu trabajo sucio




La historia

El escenario es completamente negro, no hay fondo. Aparece un cristo en túnica, una persona vestida de director de teatro se encuentra entre el publico.
Cristo—no señor director, no mame, escriba la historia de un pobre cristo resucitado, que sea la estrella principal de su obra, si señor imagine que después de enaltecer el nombre de cristo se le abren las puertas del cielo, imagine la campaña publicitaria. (Sale el clérigo)
Clérigo—Si hermano y mira yo administro la campaña, creamos con ello una figura y vendemos monos de acción, spot publicitarios y ponemos una empresa de venta de indulgencias. En donde todo sea ganancias, y tu hijito puedes cobrar regalías. Anda hijito, ándale, el negocio puede ser redondo, y para que veas, a ti no te las cobro. (Sale el trasvesti)
El trasvesti —No señor director, no a esos culeros ni le haga caso, ¿A poco no sabe cómo fue que al Papa le dio el mal de parkinson?, (Hace una señal de felatio con la boca), así le dio el mal, mi Karol, mi Karol, (hace señal de masturbación) arriba y abajo, mi Karol, tu pene tan duro y tan tieso y grueso.
El clérigo — ¡Calla blasfemo!
El Cristo --¡Crucificarle!
El trasvesti—Calla pinche Jesús, tu sabes bien que es cierto, y sabes bien que yo fui quien te hizo hombre.
El Cristo--¿Juan?, ¿Pero qué te pasó?
El trasvesti—Hazte pendejo, si sabes perfectamente que soy el puto al servicio de la iglesia.
El cristo—Bueno Juan tu sabes que el hijo del hombre no tiene sexo.
El trasvesti— ¿No tiene Sexo? (Sale la puta)
La puta—Se refiere a que no tiene uno de preferencia, ¿Verdá mi Chuy?. Tus piernas, ¿recuerdas Chuy cómo me elevabas al cielo? Recuerdas Chuy, tus ideas sobre la Santa Trinidad, que hacerlo con tres como si fuera uno mismo, a mí me encantaba y sobre todo, el todo.
El clérigo—Calla arpía del demonio,
La puta—Pero padre que ¿ya no recuerda como deseaba mis caderas? Al salir de la iglesia, usted deseaba mis caderas, recuerde padre, deseaba que esta mano le sobara la verga (se acerca al padre con la intención de provocarlo). Acuérdese padre, todos los días afuera de la iglesia. Padre tengo más bocas y mi vagina que usted pastores en su iglesia.
El clérigo—Calla arpía, mientes, eres producto del diablo.
El trasvesti—Padre que no recuerda su boca pegada a mi pito, recuerde padre (sale una niña vestida de rosa)
La niña--¿de qué te acusan? Ándale y mejor vamos a jugar a los caballitos, ándale y vamos y me besas, lo que te gusta besarme. Tú me dijiste desnudo que el cielo comenzaba con mi cuerpo, que los niños deberíamos estar cerca de dios y me tocaste, me metiste tu mano debajo de mi falda (se toca la pierna y se sube el vestido).
Padre—Callen, callen. Señor director no les haga caso, son unos pervertidos, son unos perfectos pervertidos, que acaso no recuerdan los favores que les hizo la iglesia, tu pinche Juan cuando pensabas que tenías SIDA, y llorabas y llorabas y llorabas (hace señas con las manos como si estuviera llorando) y tu pinche puta, cuando creíste que estabas enferma. ¿Verdad que no?
Cristo -- hermanos yo soy su casa.
La puta—Cálmense, no vengan con esas chingaderas de generosidad, bien que se cobraron con la metidota entre los dos, según que porque les debía el diezmo, y la neta, no me metieron solo el diez por ciento de su verga, me la dejaron venir toda, lo mismo, no soltaron solo el 10% por ciento de su leche, y cuando estaba embarazada, ¿sólo querían matar el 10 por ciento del engendro? ¿O que señor director? ¿A poco solo le va hacer una historia al diez por ciento?
El transvesti—YO nos les di el diez por ciento de mi niñez cabrones, desde que recuerdo, a veces me maman mas del diez por ciento del mi pito. Y yo no les mamo solo el diez por ciento.
La niña-- ¿hoy voy a jugar con ese señor también? (Señala al cristo)
Voz – Salgan todos ustedes y cuenten cada uno su historia (Salen todos del escenario, excepto el padre, el cristo se eleva a los cielos)
Cristo—Adiós pendejo, haber como te las arreglas.
El padre— ¿Ya te vas y me dejas sólo? Mire señor director, desde que supe que tenía que dejar mi vida por ese que está elevándose, me consagré al cristo, primero como monaguillo de la escuela religiosa, allí fui el consentido del director fue con quién hice mis primeras chupadas, en el seminario, los amigos y yo sosteníamos relaciones mientras veíamos películas pornográficas, siempre contratábamos putas, supe desde el principio que la fe, puede darte todo y ocultarlo, sabíamos que nadie nunca nos señalaría, ¿quién desconfiaría de un sacerdote? Solíamos abrir las cajas donde se deposita las limosnas y nos robábamos el vino de consagrar. Cuando me asignaron mi primera parroquia, como es mal visto que los padres visiten burdeles, en el catecismo Juan era el más ingenuo, eso tenía una excitación, yo no podía hacer nada cuando te llegan esas ganas de estar adentro de alguien, y una ocasión en el confesionario fue la primera vez que probé de Juan. Con el tiempo me di cuenta que ya lo tenía todo. (Sale el padre y entra Juan)
El transvesti-- lo recuerdo bien, estaba allí, yo no podía recordar los rezos, los olvidaba y estaba en el confesionario, estaba nervioso, no podía recordar y estaba desesperado, el padre me dijo que me fuera con él a la sacristía y me besó el rostro. Allí me puso su boca en mi pene. Y después pasaban los días y las pasiones se incrementaban, yo y el padre, y después con el Cristo. En alguna ocasión nos sorprendió mi hermana y le mentimos diciendo que si ella no quería se iría al infierno, ese día probamos ambos de ella, después la obligamos mediante el chantaje a prostituirse. Hasta que un día quedó embarazada y el padre sugirió que abortara. (Sale el transvesti y entra la puta)
La puta—después de haber tenido mi hija sabía que ahora tendría otra entrada de dinero, desde hace tiempo dejé de creer en el cielo y en el infierno, desde el primer momento en que fui obligada a trabajar, solo me hacía pendeja para tener protección, nunca supieron que en realidad me quedaba con más dinero del que les daba, cuando quedé embarazada pensé en vender la niña, pero después me di cuenta que sería de más provecho si a la niña la ponía a trabajar, mi primera tambien vez fue muy pequeña, y ahora se que ella puede hacerme dejar de trabajar. (Sale la puta y entra la niña)
La niña—Yo solo quiero dulces, y que haga una obra con mi historia y después ¿le puedo hacer una mamadita en su verga, señor director?