domingo, julio 28, 2013

El ejercicio del silencio: charla con Raúl Bañuelos



Camino por la calle de Arista, es el barrio de Santa Tere en Guadalajara, sobre este barrio nació y creció Raúl Bañuelos (Guadalajara 1954). Es sin duda unos de los poetas más importantes de la generación de los cincuentas, ha sido poeta, investigador de la Universidad de Guadalajara, ha coordinado el Anti-taller César Vallejo, ha compilado antologías, y sin duda, pieza clave para entender el desarrollo de la poesía en Jalisco. Por sus talleres un sin fin de poetas, desde Luis Vicente de Aguinaga, Karla Sandomigo hasta llegar a escritores más jóvenes como Hugo Plascencia o Carlos Vicente Castro. Me recibe en su casa para hablar sobre el ejercicio del silencio como el ejercicio personal de la escritura poética.

Neri Tello – Estamos aquí con Raúl Bañuelos para hablar sobre el ejercicio del silencio…


Raúl Bañuelos – El ejercicio del silencio uno está aquí sin su voluntad y hay que ir entendiendo el sentido de ello, porque pasando el tiempo sin poder tener un periodo o tiempo amplio para dedicarse a proyectar un libro o poemas, se empieza a cuestionar si quedó atrás todo lo de la escritura después de años de no hacerlo, pero esto tiene su sentido porque uno está no solamente para estar escribiendo o leyendo sus poemas, sino puede la experiencia poética puede darse en ese ejercicio del silencio.


NT - ¿Qué sería el ejercicio del silencio?



RB - Lo dialéctico se aparece en la vida cotidiana, la unión de opuestos que se van dando en las necesidades de resolver la vida del sustento, el tiempo que se pide y se le ofrece a la vida familiar, más si tienes un hijo de tres años a mis años, una niña de siete años y una mujer casi veinte años menor que yo, entonces hay una ida y vuelta de las necesidades de la vida práctica y la búsqueda de ese espacio de concentración, de subjetividad integrada en tu propio interior,– como lo decía el maestro Alí Chumacero- “si no hay una subjetividad de escritura, el poema necesita un vacío a su alrededor” ese vacío alrededor aunque no se de en la escritura se da en la contemplación. Si tienes una hora para tomar un café, antes de regresar a la vida cotidiana de tu casa, ese ejercicio se puede en el centro de la ciudad, en una mesa de café, contemplando la gente, el paisaje de la ciudad, o saludando a un amigo que aparece allí de repente… ese ejercicio de silencio da frutos en un diálogo con palabras de ida y vuelta que tiene una carga de sentido, entonces el ejercicio se puede multiplicar y aparte de tener un significado, encontrarle múltiples sentidos si no se ahoga, si no nos volveríamos locos buscando espacios para esa necesidad.




NT - Pero ¿qué pasa entre el ejercicio personal y la vida cotidiana sobre todo cuando eres el sustento y el pilar de la casa, que sucede en el ejercicio del silencio; cuando el escritor no produce poemas?

RB- Para dar fases esta parte implica lo que decía Rilke veía la poesía como resultado de una experiencia y no como resultado de afectos o sentimientos solamente, entonces las experiencias de la vida por la que está siendo uno atravesado, en otra etapa van a necesitar otra etapa de silencio. La escritura también necesita esa etapa, como lo decía Vallejo, para escuchar el tono el poema, para escuchar las primeras palabras que te dicta al oído, para poderlos captar lo que vas a decir, para poderlo captar y recibir esos mensajes.

NT - ¿En esta etapa de silencia van a tomar fuerza el sentido y el significado?
RB – El bagaje que uno trae, de técnicas, de lecturas, vocabulario personal y cercano, la construcción de estructuras, todo eso lo va a poner al servicio de un trabajo que quiere ser simbólico, connotativo.

NT - ¿Pero qué está aportando el sentido y el ejercicio al acto poético?
RB. Una parte de lo que va a aparecer (en los poemas) es lo que estás viviendo y no solo lo que has vivido en la etapas de tu vida. En mi caso personal, una de esas etapas fue cuando iba a tener mi primera hija, quise aprovechar esa posibilidad fusionar la actividad familiar con la poesía, entonces me puse a dialogar con ella cuando estaba en el vientre de su mamá y salió un poemario resultado de ese diálogo de ida y vuelta, imaginario ¡claro! Pero que estaba presente porque estaba creciendo en el vientre de su mamá.

NT- ¿Qué título tiene el poemario?
RB - El poemario se llama Verónica de María

NT. Por cierto tienes aquí un poema de ese poemario, ¿Puedes leernos un poco para entender lo que estás hablando?

RB – Si mira este poema tiene ese título:

Es de ti el árbol bien plantado al pie de tu ventana/
Y como ese árbol – hija – hay miles al pie de la ventana/
De las niñas de este barrio, ciudad y mundo/
Donde pueden las niñas como tú /
ver su árbol hermoso/
Al pie de su pie, /
en la punta de los cuatro vientos/
Al pie de tu ventana./

Si los millones niños tuvieran un árbol en la punta de los vientos/
La ciudad y el barrio serían/
Una ventana mundial al pie de lo árboles vivos/
Que no han matado todavía /
Ni matarán jamás /


NT – Pienso en el poema y lo que proyecta, aquí se nota el ejercicio del silencio. Este poema no está concebido de la noche a la mañana, sino que tuvo que pasar un tiempo donde había ese el diálogo entre tu y tu hija que iba a nacer ¿Cómo fue que ese ejercicio del silencio generó el dialogo para llegar al poema?

RB – Era un parte aguas en mi vida, era mi primera hija a una edad mayor. Cuando; en un tiempo de mi vida pensé que nunca podría tener hijos o poder tener una pareja permanente con quien pensar en el proyecto de un hijo, entonces fue un cambio en mi vida fundamental y como cambio en la vida fue una experiencia de situación de límite de dios que caló hondo y brotó de esa manera.

NT. Aquí hay algo bien fundamental…

RB - Frente a ese misterio que para mi era increíble y que no lo había encarnado durante muchos años en mi posibilidad humana, el misterio que sucedió en eso fue el conmovedor, el profundo de la experiencia…

NT. Lo que perturba es el silencio, porque el silencio se nota que está presenta, el silencio es el que genera el diálogo, el silencio es el que está haciendo que el poema aparezca. Y aquí algo que retumba: ¿Cuándo te das cuenta que la vida diaria genera el diálogo a partir de silencio y cuando te haces conciente que el poeta tiene que generar el sentido?

RB – Esa experiencia de silencio surgió hondamente cuando yo era adolescente, me subía a la azotea de la casa a estar solo, a refugiarme, yo tuve después de mi tres hermanas, éramos cuatro niños en una sola casa con mi papá y mi mamá, yo me la llevé bien con Bertha, pero siempre con los demás hubo disparidad de visiones y de cosas; hasta la actualidad, y me subía a estar en silencio, en la familia - tu sabes- hay una platicadera, disputas, serie de actividades, gritos, lágrimas, berrinches, etcétera, todo el día, como lo decía José Emilio Pacheco la vida doméstica es como un pequeño infierno en el sentido de lo creativo, como sería la vida doméstica con toda vitalidad, con toda su riqueza, pero en una familia como tal dónde está el silencio para poder crear algo, dónde puedas escuchar un concierto, un disco que te encante. Yo subía a la azotea con un radio para sintonizar un programa que se llamaba Guitarras de oro que programaban puros tríos como los panchos, los tres diamantes, los tres ases, los tecolines. Me subía a las siete de la noche, como las señoras que ahora que ven telenovelas y antes que empezara el programa tenía silencio. Me traía un libro o hacía tareas, o simplemente leer cosas como un libro que se llamaba doce rosas de la infancia que teníamos en la secundaria y que tenía poemas de García Lorca, cuentos de Juan José Arreola, Rulfo. Me subía a leer y a esperar el atardecer, ese era mi ritual deseado; mi utopía cotidiana era subir a la azotea a esperar esa experiencia.

NT - ¿Y qué sucedía después de terminar el programa?
RB – Era regresar a la vida normal, y todas las actividades domésticas, era ya hiciste la tarea, ya vente a cenar…

NT – Hemos estado hablando del silencio, de lo cotidiano, de lo misterioso de tu hija, de la azotea… ¿En qué momento el poeta siente la necesidad de reflejar todo esto?

RB- A mí siempre me sorprendió comenzar a escribir poemas, y nunca me sentí poeta y ahora tampoco, entre amigos decimos que somos poemistas, la palabra (poeta) tiene un rango magíster, me quito el sombrero, como decía Whitman me quito el sombrero y me pongo me da la gana ante los grandes. Ante los poetas grandes que son los poetas con mayúsculas, que son grandes como Hölderlin, Borges, Neruda, Paz, Girondo, innumerables…

NT – Esta es una concepción de quién te está entrevistando; en lo personal, como lector, considero que los poetas grandes generan diálogo, pero este dialogo es universal, cualquier persona genera diálogo, cualquier artista puede generar diálogo. Pero los grandes, en su función comunicativa, logran un dialogo universal que podrá entenderse con el paso del tiempo. Quizá peque de ingenuidad pero tú ya estás logrando el dialogo, tus poemas generan el diálogo, el diálogo está presente y en ese sentido estás emparentado con los grandes y no es un falso eufemismo, no es una porra, es lo que está en tus poemas, por eso me atrevo a llamarte poeta, porque el dialogo hay está, ese fenómeno comunicativo allí está. La pregunta entonces es ¿En qué momento existe la necesidad de generar el diálogo?

RB- En la facultad de Filosofía y Letras. Tenía un compañero que se llama Eduardo Guiarte Martínez y nos hicimos muy amigos, y me reveló a poetas que cambiaron mi percepción de la poesía. Mis lecturas anteriores habían sido los modernistas, Rubén Darío, Díaz Mirón, López Velarde… De pronto me acerca a lecturas de Walt Whitman, León Felipe y Vallejo. Fue una revelación para mí, lo anterior era para mí una cuestión muy pasado, que ya no era tan cercana que ya no correspondía a lo contemporáneo. El hecho ya de conocer autores con un diálogo y una experiencia más cercana, me hizo saber que podía entrar en la frecuencia de lo poético, aunque mis poemas no tuvieran esa categoría, esa calidad de los grandes. Así como uno juega futbol, aunque no eres ningún Pelé o Maradona, puedes entrar a jugar con la pelota, entrar al Juego con mayúscula y participar. En ese sentido hubo otra experiencia que me ubicó en esas coordinadas, en mi propio lugar en ese gran juego, fue el festival internacional de poetas en Morelia en 1981, vinieron Marin Surescu, Jorge Luis Borges, Cintio Vitier… maravillas de poetas. Estuve toda la semana de Morelia, estuvimos varios compañeros allá, y tuve la revelación maravillosa de las lecturas y después una depresión terrible al llegar a mi cuarto (risas), decía que estaba haciendo yo con esto. Pero se me pasó rápido el susto y me dije; mi obligación es hacer lo que pueda con esto, sin tener que compararme con estas maravillas, y ya después agarré mis rutas y no tengo ninguna preocupación de compararme con los maestros.

Neri Tello- Tu nos has enseñado que no hay que compararnos con los grandes, nos has dicho que el ejercicio poético es un ejercicio personal, uno avienta una piedra y no sabe lo que va a pasar…

Raúl Bañuelos- Puedes ser que espantes a los cuervos, o provoques un oleaje en el charco donde la aventaste, o brinque una rana o que reflejes por allí al sol.

NT- Abundando un poco más en esto, porque esto es muy fundamental y está reflejado en tus poemas, si bien es cierto que el poeta debe tener su propia voz, cuando yo leo los poemas de Raúl Bañuelos veo muchas voces allí, entonces ¿cómo se da el dialogo personal entre Raúl Bañuelos con las voces que en él confluyen?

RB- Cada libro es un rompimiento con el anterior, puede ser un libro pensado homogéneo, o puede haber sido una etapa diferente con hilos conductores menos obvios, pero siempre mi intención ha sido hacer algo diferente, no repetir. Los abordajes, la voz; son improntas, un sello que no se puede borrar. Intento que mis coordenadas personales, mis coordinadas de lectura y circunstanciales estén en ese tono.

NT.- Este punto es fundamental en tus poemas

RB. Yo admiro mucho lo que decía Neruda; yo no hago poemas, hago libros. Esa es una lección que yo he tratado de imitar.

NT. Retomo dos libro de Raúl Bañuelos, Bebo mi limpia sed tu antología y Canto del descampado en ellos hay varios temas que se están manejando… lo diré así, la voz de César Vallejo, de Eduardo Anguita, de Nicanor Parra, Pablo de Roca, de Octavio Paz, están presentes, quiere decir, a pesar de la constante, de estar rompiendo en cada libro, cómo manejas esto, porqué están apareciendo estas.

R.B. Como son tan abundantes y diversos estos maestros siempre habrá un punto de visto en el cuál dialogar con estos maestros. Por ejemplo está el libro Junturas que construí a partir de una especie de contra cantos, de un poeta, un poema, un verso, una obra plástica tomaba un fragmento y contra cantaba con él, a su favor o en su contra. Hay un juego de tenis intentado de mi parte, yo tomaba lo que ellos planteaban como propuesta. Por esos aparecen estos autores, de algún modo, como variantes. Paz está en este libro y en otro que se llama Puertas de la mañana, contra cantado de mi parte.

NT. Cuando leo la poesía de Raúl está siendo que yo genere el diálogo con estos autores, es algo que me sorprende.

RB. - Es una maña de fútbol de llano, como dicen júntate con buenos y serás bueno. Yo tratado de juntarme con ese sentido con poetas de esa categoría para jalarme un poco del trabajo hacia ese rumbo, hacia esas coordenadas. (Risas)

NT. (Risas) Lo logras bastante bien. Además el conjunto de todo eso. Todo esto viene siendo tu voz, porque a pesar de que están todos ellos, sigues estando tú. Es tu voz. Qué puedes opinar de eso.

RB.- Nunca me habían dicho eso. Mejor opina tú. (Risas)

NT. Me meto mejor a tu obra. Hay cuatro temas fundamentales en tu obra, la primera es la niñez, la segunda es el barrio, la tercera es el ser, este tema es muy amplio pero lo voy a resumir de esta manera; un texto tuyo dice: uno es solo y a veces compañía. A eso me refiero con ser, y el cuarto tema es la poesía por la poesía misma. Este ya es el universo de Raúl, ya es tu voz. ¿Qué me puedes decir de esto?

RB.- Para cada libro siempre han aparecido poéticas, pueden haber tres poéticas, o diez poéticas, o una serie de poemas, una sección de poemas, o un pequeño poemario, es el caso de un libro llamado Pendular, que son poéticas, son dieciocho poemas de poéticas. Resulta como un calidoscopio; te vas moviendo y aparece una figura nueva. O si tu no ve mueves se mueve el universo y tu visión o enfoque varía, pero lo que va viendo es lo poético de lo que va apareciendo en el calidoscopio tan vivo y diverso como es la naturaleza, o la vida. Entonces allí encuentras el resultado de esas variables. De lo otro que decías cito a Octavio Paz, para encontrar la propia voz habría que leer los poemas, la poesía de los maestros, no para hacer lo que hacen ellos, ni cómo lo hacen sino para hacer poemas. En otro sentido, no hacer poemas como lo hacen los maestros sino como hacen los maestros. Esto es, algo metafísico, es aprender a involucrarse en una especie de segunda naturaleza que tú te ganas por estar sumergido en eso. Como hay gente que se mete a un asunto y se transforma en el asunto. El Maestro Fernando-Carlos Vevia nos decía es como una distorsión del oficio. Un peluquero, por ejemplo, distorsiona su trabajo sube al camión y mira las cabezas como diciendo aquí le cortaron mal el pelo, a ellas le hicieron mal el corte y ¿Dónde quedó el viaje? Si lo interpretamos como una metáfora como un símbolo de la vida, hay muchas mas cosas que ver, y no nos alcanza el tiempo para ver lo que quisiéramos ver en un periodo o tiempo dado. Otra vez cito a Paz, el trabajo está en escoger una cosa y concentrarnos en esa. El problema más grande de los poetas jóvenes es la dispersión. Tanta maravilla que hay para trabajar.

NT. ¿Por qué para ti es tan importante manejar los temas de la niñez, el barrio, el ser y la poesía y no otros?

RB.- El barrio me da un sentido de pertenencia con el cuál no me dan deseos de salir, en el está los juegos; la trais, la base, las escondidas. También está la infancia, la familia, la poesía. Es mi base, si no tuviera esa base yo me pierdo, me hubiera ido como globo en el aire, como a un niño que se le pierde el papalote en el viento. En el fondo hay la búsqueda de una base espiritual de trascendencia, si no la tuviera no tendría en qué asirme.

NT.- Se me viene a la mente el constante regreso a Ítaca, es como el estar en otro país y estar regresando constantemente a tu base, a tu origen.

RB.- Tuve una infancia en el barrio que recuerdo con mucho placer, aparte de esa etapa adolescente que te contaba. Mi infancia fue la calle, salíamos los niños a jugar, familias enteras jugábamos lotería enfrente donde había un árbol frondoso, un tabachín y luego se quedaban jugando las señoras jugando y apostando chicles de Yucatán, y después los niños jugábamos otras cosas, la pelota, las canicas, la trais, las niñas jugaban chicotes. La tarde era un paso maravilloso de libertad, de juego. La niñez es el paraíso perdido y si te cuento esto que te estoy contando, es una evocación de una alegría constante. Aunque a veces hubo pleitos de niños que no trascendía a la siguiente tarde ya estabas nuevamente jugando.

NT. Todo se está emparentando, el barrio emparienta la niñez, la niñez emparienta el ser, porque es el origen metafísica, y esto nos remite a la concepción de la poesía. Qué nos puedes decir de está fusión para cerrar esta entrevista.

RB.- Citaría a Hörderlin a quién admiro muchísimo, en aquella línea que dice que es poéticamente que el hombre vive en el mundo. No está diciendo que vivimos poéticamente, sino el que vivamos aquí es un hecho poético. Todas esas pocas palabras dicen muchísimo, dicen que somos una creación. Yo soy cristiano católico, y creo que todos somos creación de Dios, y por lo tanto como dice Juan Pablo somos divinos. Y mi meta es por lo menos intentar vivirlo. Estar en ese camino. Ese tipo de cuestiones me hacen ver el mundo, la tierra, la naturaleza, las personas en esas coordenadas de la creación. Es un intento, por eso vuelvo cada vez, como crecimiento de persona, por eso son muy constantes los regresos, que ojala fuera como un espiral y no como un círculo cerrado.

NT. Hay un elemento fundamental y es el que le da cohesión a tu obra y es el elemento religioso, y aunque no estás hablando de Dios, y aunque no hables de una cuestión divina. En tus poemas hay un misticismo presente, de cómo ves lo humano, como ves al otro, en ello hay un misterio, un misticismo y quizá tenga que ver con tu formación cristiana. ¿Qué tiene que ver esta parte hacia la escritura, que tiene ver la espiritualidad con el ejercicio de la escritura?

RB. Es un ejercicio espiritual la escritura. Asistí a ejercicios espirituales constante mente, a muchos ellos no respondí como debería. Pero he intentado actuar con un sentido cristiano en muchos momentos no lo he logrado. Pero siempre intento hacerlo y como decía San Lalo Blues que quizá lo tome de los Doors, u otro sociologo, lo importante es estar en el camino y seguir andando. Lo voy a decir en especie de broma: hay que seguir empujando la carreta para que no cambien de buey. (Risas) Mientras dios no me saque de este camino yo seguiré en el camino.

NT. Te agradezco Raúl estas pláticas informales sobre poesía, en las que ya tocamos varios temas…

RB.- Admiro mucho una visión de Luis Cernuda sobre los cuatro elementos que el poema pide para ser una verdadera obra de arte: rigor, sensibilidad, inteligencia y azar. A uno le toca poner varias de esas cosas; el rigor no como una cuestión técnica es una entrega rigurosa a la vocación, o como le quieran llamar porque es mas que una profesión u oficio. El rigor implica la formación en el oficio, implica conocimientos de la tradición para romper con ella, todo lo que hay en herencia de la historia de la literatura, en eso hay gran herencia, ahora imagínate en otras artes, todas las otras formas de conocimiento que pueden nutrirnos y enriquecernos, ese es un compromiso que podemos trabajar. Lo demás muchas veces no depende de nosotros; ni el azar, o la sensibilidad que puede enriquecerse, o la inteligencia. Hay personas que son muy inteligentes, hay otros que no son tan inteligentes. Pero hay la entrega, la entrega si está en tus manos, el rigor, la búsqueda del aprendizaje, el enriquecer los otros elementos. Como decía Picasso que la inspiración o el azar nos agarre trabajando.

NT. Raúl te agradezco la tarde, la plática, el café y tu tiempo.