viernes, enero 21, 2005

la pelicula

La mujer se quita la ropa y la cuelga. El bosque tiene la hojarasca de los árboles que tambalean con su cuerpo, acomoda una silla de campo, los árboles parecen fetichistas, sacan sus penes y con la ropa que cuelga de sus ramas comienzan a masturbarse. La película se llena de blanco, manchada de blanco, el blanco como sinónimo de ansia. La pantalla se prolonga y es la única que proyecta luz. Los rostros de los asistentes se ahogan en su saliva, esperan que llegue el protagonista a que lo chupen. Los árboles siguen en su plan fetichista, toman a la mujer que en forma obscena sigue tocándose, su rostro está quemado, su rostro cambia, está exageradamente quemado, la soledad quema los rostros, la soledad es una cabrona que hace que busquemos rostros quemados, y más quemados para saber que no somos los únicos. Los árboles toman a la mujer y con sus copas acarician su vagina. Creen que de ella saldrá una flor. Creen que ellos van hacer que nazca de ella un río blanco. Que inundará el cinema, que los asistentes estén nadando en una laguna de semen. Los árboles están en lo suyo y llega el esperado, el hombre saca su sexo y lo introduce en la boca, hace movimientos tratando de escarbar, la taladra, que se haga más profunda, que se vuelva una cavidad del tamaño de su pene. El asistente de la primera fila se dirige a los baños, el de damas, el que siempre está solo porque de ausencia femenina se saturan los cines. Toma su pene y guarda la imagen de la pantalla, imagina el rostro femenino, imagina la boca, imagina todo, lo recrea, el felacio, y los cuerpos tomándose entre sí. Agujerándose. Otra persona entra, lleva su mano a la verga erguida, prosigue la masturbación, no se está dispuesto a un contacto y ríe, el homosexual baja su pantalón y refriega su culo, el otro carcajea, y lo empuja, cae al excusado y ríe y carcajea, y no para, el homosexual no puede pararse y el tipo se viene, hay que recrear y recrear la imagen y llenar un rostro masculino y grotesco de blanco. La mujer salta, se acuesta delante de la primera fila, el protagonista masculino ha quedado encerrado en la pantalla, no puede moverse a ningún lado, en esta función será un espectador, un vouyerista. El homosexual sale del baño aturdido y con la cara en blanco y tambien el otro, con la satisfacción de haber violado, de haber llevado el acto sexual a la violencia física, sin haber penetrado, sin haber necesitado escuchar los gemidos. En la pantalla los árboles no dejan de masturbarse. Los que asisten a la función participan, la mujer es de tamaño gigantesco, ninguna verga es lo suficientemente grande para caber su orificio. Coloca su cuerpo a gatas, algunos meten su miembro en sus agujeros: el recto y la vagina, otros a la boca, y otros contemplan a distancia masturbándose. Los homosexuales que asisten miran detenidamente lo que pasa, sus bocas ansían llevar adentro esos penes. El protagonista masculino se sienta y se ríe y carcajea. La mujer no para, nada la satisface, los varones poco a poco van siendo absorbidos por el ano, la vagina y la boca. Los árboles no dejan de estarse masturbando, la mujer se viene, los árboles se vienen, todo es una laguna blanca, donde nadan homosexuales. Las luces se prenden y la película termina.