viernes, noviembre 19, 2004

hora y media de vergazos

Hora y media de vergazos
1

Ya méteme la verga, la quiero sentir hasta adentro, hasta la garganta. No lo podía creer, el hoyo que había hecho en la pared me estaba hablando. Vamos nene, deja chupártela, hacerte mío, el hoyo comenzó a babear. Yo quiero, yo quiero, por fa, por fa, te va a gustar, atásquese mi verga que ahora hay lodo, comenzó a crecerle los labios. Mójame la brocha, hazme daño, hazme daño…

Nunca lo he hecho con nada que no tenga manos, ni senos. Me gusta chupar pezones duros y rosados. Que me toquen los testículos, que me la chupen, sentir la lengua por toda la piel.


2

En el viejo Oeste solucionaban sus problemas a punta de balazos:
--Hey Joe, tu y yo no cabemos en este pueblo.
--Pues te aconsejo que tomes tu caballo morado porque el verde no circula y te vas derechito a la chingada.
--Frank, tu madre vive en este mismo pueblo.
--No Joe, mi madre ya está en una tumba.
--A cabrón, yo no soy necrófilo… creo que chingué a tu esposa.
--No, yo vivo solo… ¡ya me desgraciaste hijo de la chingada! ¡Tú fuiste que me dejaste el culo floreado!, ¡te vas a morir!

Pronto sonaban los disparos y los cuerpos quedaban tirados en la calle. Antes de los duelos nadie salía. Las cucarachas corrían rápido sin hablar. Los árboles se quedaban mudos. Después de la lluvia de balas, el encargado de los servicios fúnebres medía los cuerpos. Sí alguno sobrevivía entonces la población hacía un carnaval con música de zamba. Tres morenotas en tanga le chupaban la verga al sobreviviente hasta que terminaba en un pellejo de carne que servía para alimentar al ganado y hacer chicles que masticaba el pueblo.



3
Los catálogos de lencería de marca popular, a pesar de tener prendas vulgares, suelen tener modelos con cuerpos muy femeninos y delicados. Los rostros que muestran no son como el de la Chuchis del Sexo Maestro. Los rostros del catálogo se asemejan a una inocencia infantil, a una mujer de facciones finas, alta, morena de ojos cafés, cabello rizado, delgada. Con un sostén que transparenta sus pezones; pequeños, rozados, delineados, casi perfectos. Sus ojos están conjugados con sus senos. Me dicen que los apriete, que los muerda. El encaje de su pantaleta entreve su vagina: una sonrisa que cae como cascada. Una sonrisa sin dientes, como un artículo de lujo. Debería chupársela de una forma tan violenta que terminaría por ablandarla.

Sé que me daría pena al principio, incluso puedo eyacular precozmente, tener problemas de erección. Pero partiría el cielo en dos mitades. La chuchis no soportaría verme tan excitado; sacaría mi verga de mi pantalón y me la escupiría para después masturbarme de forma tan violenta frente a ella.

El éxtasis colectivo. El rostro inocente a punto de desvanecerse. A punto de mirar de esa forma grotesca y violenta con que miran las mujeres del sexo maestro. Con su cara diabólica, con su rostro de bruja, con su rostro de veneno, de alacrán. Como si el sexo que les cae las transformara, las quemar, les estirara su epidermis. Con la mirada de aventarlo a la jodida, todo, con ganas de acabar a chupadas y sentonzazos a quienes inyectaron en ellas, veneno.


4
En el viejo Oeste se desarrollaba una partida:
--Dos de corazones, ¿Té sirve Mike?
--De ninguna manera Mister Diablo.

La cantina estaba repleta. Los asistentes que miraban el juego se encontraban nerviosos. La partida era pareja. Las putas con sus cuerpos exuberantes con sus pequeños vestidos dejan ver su culo desnudo que el diablo toca con su mano, mientras con la otra detiene sus cartas.

--Jajajajaja ya te llevó la chingada, pinche Mike.

En el otro extremo de la mesa, la frente de su oponente, que nadie lo acompaña, no deja de sudar.

--No esté tan seguro Mister Diablo.

Toma su pistola y da un disparo al techo, mientras pide de manera muy arrogante que no deje de tocar el músico de la pianola y le pide al cantinero que le traiga otro whisky. Todos están tensos y la música toca cada vez más rápido. Mike suelta una carta.

--Rey de trébol, ¿le sirve?
--¡Ya te chingaste pinche Mike! Tercia de reyes y par de diez.
El diablo baja una reina.
--No tan rápido, Mister Diablo.
Toma la reina y saca tercia de ases y par de reinas. ¡No! Grita el Diablo angustiado. Lo siguiente sucede en un espacio vacío con fondo de colores fluorescentes que cambian y se combinan entre sí. Como cuando en los video juegos alguien lanza un golpe tan mortal que baja casi toda la sangre de un chingadazo.

Los colores cambian constantemente de tonalidades sin dejar de ser chillantes conforme la marcha de Zacatecas es tocada, que aunque no es del Oeste, si describe de manera extraordinaria la situación:

Mike toma de los cuernos, ambos están desnudos y el Diablo le mama la verga. Lo agarran de la cintura y se lo cogen por el ano. Lo toman por la espalda y lo avientan y el diablo cae ensartado en la verga. Le hacen el martinete y lo hace mamar con la cabeza hacia abajo, lo pone de perrito y se lo enchufa, lo vuelve a coger por la cintura y lo hacer dar vueltas.

El aja aja aja. Uf uf uf. El más mas mas mas mas. El hasta adentro hasta dentro. Atóramela hasta el fondo. Hazme tuyo. Hazme daño. El ya ya ya ya yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Acostados en una cama de hotel ambos fuman cigarros
--Estuviste genial, pinche Mike, apagaste todo el fuego que había en mí.
--si pero cuando vayas al baño límpiate.
--¿Sabes pinche Mike? Para la próxima mejor hay que imaginar que somos soldados o bombero en lugar de imaginar que estamos en una partida.
--Ya cállate pinche Diablo, mejor apaga el cigarro y sigue mamando.


5
No sé cual rostro prefiero: la Chuchis o la mujer del catálogo tendría el rostro. Lo siguiente es ponerle cuerpo. Ya, ya atórame la verga. Ven, ven, estoy caliente. Muy very Hot. Enchílame los labios. Ándale pa’ pito. He tenido que poner audífonos a mi verga para que no escuche, en donde oiga se para y se pone brava. Trata de coger lo que se mueva. Yo no soporto la voz del hoyo que pide que lo folle a cada rato. Nada le satisface. Se lo he metido más de cinco veces en dos horas. Yo estoy cansado. No me gusta hacerlo solo donde hay un hoyo. Me gusta que me toquen, que recorran sus manos por mi cuerpo. Que me besen, que me la chupen.

Trabajo en una tienda departamental de ropa, soy cajero. Cuando despacho ropa íntima de mujer hay en mí un cierto morbo. Las que llevan ropa con encajes muy vulgares suelen ser esposas de camioneros. Que deseando un momento de pasión, les han pedido se vistan como las mujeres de Sexo Maestro y vienen aquí a comprar su ropa. Luego vienen, las putas, las que trabajan en lugares de catego y las que trabajan afuera de los cuachaderos públicos.

Cuerpos y cuerpos, algunos exuberantes, otros redondos, tiesas, flacas, de coño amplio, deportivo, cóncavos, profundos, rositas, morados, extraterrestres, que dan maromas, que ensalivan, que escupen, que tienen pelo, sin pelo, peludas, pelonas. Coños de todos colores, de todos sabores, de frambuesa, de café, con aliento a cigarro, a marihuana, habaneros, etc.… Es una lástima que sólo trabaje en cajas y no pueda atender personalmente esos coños.


6
Los primeros pobladores ya conocían la tecnología del elevador que fue traída por los chinos que fundaron los primeros barrios del Oeste. Con el tiempo dicha tecnología se popularizó y muy pronto se construyeron grandes rascacielos de madera con el único propósito de construir elevadores.

Don Wenicar era un pastor alemán que había llegado al pueblo a construir una cadena de edificios que solo tenían elevadores. Un día llegó al pueblo Miss Elisa prominente dama, educada en los mejores colegios de Francia y ahora se dedicaría a enseñar a los analfabetos del pueblo y creyó que la mejor opción era hacer una escuela en al piso de algún edificio. Para eso, Don Wenicar que ya había asimilado la cultura del pueblo, ofreció sus servicios.

Cuando llegó la señorita Elisa a su despacho, le ofreció un refresco y la invitó a subir al elevador. Estaba oscuro, ambos entraron, Don Wenicar a cuatro patas. Cuando cerró las puertas, se metió debajo de la falda de la señorita Elisa y le olfateó el trasero.

--¿Qué hace? Debajo de esa larga y negra falda se encontraba un gran coño desnudo y se puso a lamerlo.

--¿Qué hace? Don Wenicar ya estaba adentro y lamió también el clítoris y le metió la lengua.

--Déjeme. Con su hocico le arrancó la falda.
--¡Salvaje! Como pudo le quitó el corpiño hasta dejarla desnuda. Acto seguido se cargó en su espalda hasta dejarla de rodilla. Y ya en el piso la folló. Al llegar al piso 10 la puerta del elevador se abrió. La señorita Elisa salió a gatas, desnuda, con los ojos en blanco y con una sonrisa de oreja a oreja. El pastor Alemán salió sonriente y con la lengua salida.

Todo esto facilitó las cosas para la escuela pudiera realizarse. El primer piso lo destinaron a los niños Western y piso 10 de oficina de la señorita Directora, quien contrató a Don Wenicar como botones y no por como cogía, sino por su currículo.

7
Hoy cambian en la tienda la mercancía que se exhibe en los mostradores. En el departamento de damas hay un torso de maniquí al que le han puesto una tanga y un brass para su venta. Cada semana exhiben una prenda diferente, las de hoy son de encaje muy pequeño, discreto, de color negro. La tanga es minúscula y muy sensual. El brassiere es delgado, de encaje casi transparente. El diseñador ha tenido buen gusto. La tanga hace una “V” al frente, como si la intención haya sido mostrar un poco de vagina al usarlo.

Hoy no he trabajado. No tengo que teclear la maquina registradora. Soy un cliente que va a comprar una cachondísima prenda. El compañero que me despacha debe pensar que soy un puto, que soy un homosexual reprimido. La sangre se le ha bajado hasta los testículos. Sonríe y se ruboriza, no sé si se ha excitado. Pobre tipo, lamento desilusionarlo, no voy admitirlo, o negarlo. Sus problemas sexuales no me interesan.

Llego a casa y subo corriendo las escaleras. Ahora sí papito ven y atráncame tu cosota. Ven y mata el oso a puñaladas. Préstame tu pito árbitro. Ven y dame la leche de tu palo que aquí están tus nalgotas. Cómo quisiera tener tu boca, pero mi clítoris. El hoyo no deja de estar gritando. Ahora si vas a saber que es amar a dios en tierra de indios. Desajusto lentamente los botones de mi camisa. Ya cayó, ya cayó. Quiero ver mas, quiero ver mas. Me quito la camisa y desabrocho mi pantalón y cae al suelo. Ya sácala ya. Dame la tiesa que aquí está tu coño. Me quito mi trusa y voy hacia el agujero y acaricio sus labios con mi pene y le doy golpecillos. Me separo dos metro y comienza a babear, se contrae y se expande al mismo tiempo. Me pongo la tanga y el brassiere y me masturbo frente a él. Sus contracciones son cada vez más rápidas y agitadas. Yo no aguanto y me aviento hasta penetrarlo. No puedo mas, todo por dentro revienta y eyaculo.

8
En el viejo Oeste había caído un objeto extraño. Era un falo que tenía tatuado la imagen de una mujer de dos cabezas con pierna de palo y su vagina resaltada y real en la parte inferior. La gran verga como la conocieron los pobladores medía tres metros y medio de alto y el tatuaje era de metro y medio. En cuanto comenzaron a hablar cosas extrañas la población, el reverendo fue a inspeccionar lo que sucedía, y lo primero que vio fue una pareja de perros follando:

Espera perrita ya va a salir, aguanta, aguanta. Guaaaaaa, guaaaaa. El perro había tenido un megaorgasmo que casi lo deja muerto. Después se fue a lamer de la vagina de la imagen tatuada, se desfondó la verga y quiso follarla, mientras la perra subió y se deslizo con sus nalgas desnuda sobre la gran verga. La multitud veía lo que ocurría. Algunos dijeron que la gran verga se había estremecido. Otros que las bocas de la imagen se abrieron cuando el perro introdujo su pene.

A los ojos del reverendo ordenó aislar el objeto, construyeron bardas a su alrededor, convocó a un consejo y nadie mas pudo volver a tocarlo.


9
Hoy la mercancía nueva llega. A las 10 los proveedores surten la ropa. La encargada de recibir y exhibir la ropa íntima para dama es una amargada. Tiene unos lentes muy gruesos. Me llega al hombro y tiene la barriga con medidas nada proporcionales. Tiene cincuenta o cuarenta años. Está ruca pero parece que nadie se la ha follado. Cuando cataloga la ropa en la bodega siempre está sola. Ha quitado el torso del aparador para ponerle la nueva mercancía. Entro a la bodega sin hacer ruido.
--¿Qué hace usted aquí?
--Este… yo…
--Salga de aquí inmediatamente
--Espere…
La señora se acerca de manera violenta, me toma por la cintura y sin pensarlo me toca el pene erecto.
--¿Qué trae ahí?
--¿Qué se supone debe ser?
--Confiese, usted es vouyerista o trata de violarme.
--No, yo… no…
--Bájese los pantalones.
--Pero… yo…
--Que se baje los pantalones he dicho. O quiere que lo reporte por vouyerista o por tratar de violarme.
--Ahora quítese la camisa. Usted vino aquí por algo y ahora vamos averiguar. La señora golpea mi pene para evitar que se baje. Me pone recargado en la pared y sujeta mis manos con un paliacate que guarda en su bolso y me masturba con su boca.
--Usted quería violarme y ahora verá.
Saca un roll on y lo pone en posición vertical en una silla. Se desnuda y me obliga que me siente introduciéndome el desodorante por el culo. Con un poco de dolor se introduce todo.

Se monta en mí y comienza a cogerse. Movimientos mas rápidos y mas agitados. Puedo sufrir un desgarre pero me gusta. La vieja gime y gime y no aguanta, al llegar al orgasmo sufre un paro. Ha muerto con los ojos en blanco. La quito de mí y me saco el desodorante. Lo limpio con el paliacate. Que no quede ni una huella de mí, lo pongo en su mano y se lo introduzco en la vagina. Me separo a dos metros y frente a su imagen de perra muerta me masturbo. He sido violado pero me ha gustado. No era tan malo después de todo. Eso no quita que esta perra sea una puta. Me pongo el pantalón y la camisa. Limpio el semen y tomo el torso de plástico. Lo llevo a la basura y espero que el intendente lo lleve a los contenedores.

10

Don Wenicar, la señorita Elisa, y el diablo fueron quieres acudieron al llamado del reverendo para constituir el consejo. Entre los cuatro acordaron que solo entrarían dos miembros mas: un miembro masculino y otro femenino. Que los que entren al consejo deberían ser expertos en cuestiones sexuales. La fémina que quisiera entrar pasaría por las armas de Don Wenicar y del Reverendo y el masculino por la señorita Elisa y el diablo.

En la iglesia se acondicionó para que se hicieran dos cuartos semioscuros con una cama en medio. Los primeros 100 masculinos (entre perros, otros diablos y demás cosas raras) no aguantaban la prueba, apenas si el diablo le tocaba la verga y la señorita Elisa los abrazaba por la espalda y les mordía la oreja terminaban por correrse. Hubo quien incluso, creyendo que había metido la verga en una vagina cuando en realidad, la había atorado entre la entrepierna del diablo, se movió tan fuerte que ensartó al diablo del ombligo.

El elegido para constituir al consejo era un tipo de manos muy extensas y dedos muy gruesos. Muy peludo y de brazos extensos que dijo llamarse Manotas. La señorita Elisa quiso tomarlo por la espalda, el diablo le quiso mamar la verga y se dio cuenta que lo que tenía abajo era una gran rajada, una panocha. Al sentir el Manotas que el diablo estaba a gatas, le metió el dedo por el ano y lo hizo que se introdujera dentro de la gran rajada, mientras que con movimientos tan rápidos introdujo su lengua en la vagina de la señorita Elisa. El ano del diablo se hizo se hacía cada vez mas grande hasta que midió dos metros de diámetro y por el mismo salieron sus cuernos, después la cabeza, el cuello, los brazos, hasta salir todo.

Una vez fuera metió sus manos a la gran rajada y sacó desde el fondo un gran pito y se lo metió a la boca. El Manotas no dejaba de chuparle el clítoris a la señorita Elisa, quien decía que ya no, que ya no. La lengua le parecía tan rica y tan rasposa que terminó por correrse. El Manotas sintió que iba a explotar en la boca del diablo, soltó lo que traía, lo infló y lo reventó en pedacitos como si fuera un globo. Llenando el cuarto y el cuerpo de la señorita Elisa de Semen.

11
He sido un pendejo. En los contenedores se puede encontrar cualquier parte de maniquís rotos, viejos, que no sirven. Me traje, el torso, dos brazos y una pierna. Lo siguiente es calarlos, (después de todo nos costó una metidota de ano). Bajas a la cochera, sacas de la caja de herramienta tornillos, desarmadores y taladro. Hay que ensamblarlos. Tomas los brazos por la mano y los pasas por arriba del pantalón. El pene se llena de sangre y se hincha. Descubres el glande y no aguantas. Pasas la lengua por la parte que corresponde a la vagina y los senos.

El pito ya está tan duro que taladras con el la zona de la vagina. Haces un hoyo. Te mueves tanto, hasta que terminas por eyacular. Pinche hoyo, ahora si te voy a dar hasta que te calles para siempre. Hasta taparte la boca con semen y tierra y se haga concreto. Hasta que te hagas piedra.



12
Mike llegaba al cuarto de pruebas, llorando a recoger al diablo. Y quiso vengarse, lo que le preocupaba era que ya no tenía a quien metérsela. Quiso agujerar a quien había hecho eso y miró que el Manotas tenía una gran rajada.

--Te reto a unas jaladas. Confiaba que a la primera oportunidad se lo ensartaría.
--Ja, ja y crees que puedes ganarme. Dijo el Manotas mientras Mike se bajaba los pantalones.
--Veo que tu no tienes uno como este. Mike se había llevado su pito a la mano y el Manotas solo sonrió.
--El que aviente la melancocha mas alto y mas abundante gana.

Ambos se acostaron en el piso mientras que la señorita Elisa era la juez de esta competencia. El Manotas sacó de su rajada un pito de tamaño descomunal y comenzó a masturbarse. Mike se quedó aterrorizado y con la boca abierta, su pene se hizo flácido. El Manotas con los ojos en Blanco jaló tan fuerte que su leche pegó en el techo y cayó embarrando a la señorita Elisa y a Mike, quién no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Ambos se levantaron y no quedó mas remedio que admitir que al Manotas, no había quien le ganara.

13
Subí lentamente la escalera con el maniquí ensamblado. La pierna que me hacía falta la sustituí por una de madera de una vieja mesa que tenía. Ya méteme la tiesa, que se sienta hasta el fondo. Here, here, i’m very easy and free. Mátame a chupadas, échame a palos, atáscate de lodo. Hazme daño. Desde los escalones se escuchaba la voz del pinche hoyo. Ahora sí le va llegar su hora. Dejo mi maniquí en la cama. Tomo una botella y la introduzco en el hoyo y la amarro con una cinta canela para que se calle un rato. Cierro el cuarto con llave y a las ventanas les pongo cortinas.

Visto el maniquí con la ropa íntima de mujer que compré en la tienda, le paso mi olfato y mi lengua una vez puesta. Me quito primero la camisa, los pantalones y mis calzones. Saco la revista de Sexo maestro y el catálogo de lencería. Recorto las cabezas de las dos mujeres que quiero que tenga el maniquí, las llevo a la boca y las inflo. Toman poco a poco volumen y solidez. Primero la Chuchis y después la mujer de rostro infantil:

--Ya te fijaste manita, que hombrezote.
--Si chuchis y tiene una cosota.
--Ahí Güey que si así están los mangos yo quiero uno.
--Tu verga debe saber a Gloria.
--Danos intimidad, sácanos el aire.

Las cabezas se me lanzaron, una de ellas cayó a mi verga y la mamó. La tomé con mis manos, junto con la otra y las puse en el cuerpo que había hecho. Les amarré cinta para que no hablaran. Bajé un poco la tanga. Con un cuchillo escarbé alrededor del hoyo para sacarlo. Y lo puse en la rajada que le había hecho con mi pene. El maniquí se contusionó y se movió muy rápido y brusco. Los cuellos se alargaron y ya todo era humano. Hasta la pata de madera era humana. Una pierna de palo con terminaciones nerviosas.

La ahora vagina expulsó la botella y dejaba ver que babeaba mucho. Las cabezas se quitaron la cinta y no dejaban de reír, de burlarse. Yo estaba incrédulo, se quitaron la ropa íntima que les había puesto, me agarraron y me obligaron a ponérmela. Ahora sí puto vas a ver que se siente hacerlo con dos mujeres. Que tal si yo te chupo el ano y ella los testículos, dijo una de ellas. Pasaron sus lenguas por mi piel e hicieron que les chupara los senos. Una de ellas me dijo que mirara a través de su vagina, había luz e introduje mi lengua y después me adsorbió.

14
La gran verga ya había echado raíces, le crecieron testículos. Ya era todo un miembro bastante definido.

El turno era ahora de la mujer con la que se constituiría el consejo. La Mulata se dedicaba a mamarle la verga a los que sobrevivían en los duelos, era quién organizaban los carnavales que se hacían cuando se conocía el sobreviviente de los mismos. De una pata con sus zapatos de plataformas, abrió las puertas del cuarto que se había hecho en el templo. Los cristos abrieron demasiada y ojos y terminaron por derretirse al ver un 100, 50, 100 de color negro, completamente desnudo. Se evaporaban tan rápido que solo se veían sus túnicas en el suelo y su boca abierta. Mulata llevaba consigo un látigo y caminaba en tono desafiante.

Tomó al reverendo y como víbora se metió bajo su sotana, y como sus nalgas salían, don Wenicar le chupó el ano. Mulata hizo movimientos tan bruscos que le quitó la sotana al reverendo. Y con una desnucadora le hizo chupar su vagina. Mientras que Don Wenicar se la metía. Tomó al reverendo y lo introdujo en su vagina, quitó de su ano al pastor alemán y como si fuera de plástico, se movió de tal manera que terminó por chuparle la verga. De esta forma los succionaba, tan rápido y tan profundo que ambos ya con los ojos en blanco, llegaron a desfallecer. Cuando sintió que casi los mataba, los arrojó casó agónicos y se masturbó hasta llegar al orgasmo. Llegaron socorristas, les metieron una manguera por el ano y los inflaron.

15
Pasé por el clítoris y comenzó a babear la vagina. Me introduje y todo por dentro era un gran útero. Sus paredes eran cavernosas y arrojaban un líquido lubricante y viscoso. Todo por dentro por dentro se contraía y se dilataba. En una trompa de falopio un ovario se abrió y dejó ver óvulo con boca. Yo parecía un astronauta en ropa interior de mujer que volaba a un óvulo con una boca que terminó por tragarme.

Caí dentro de una bolsa que respiraba y transpiraba como si fuera una válvula de oxígeno. Pegada a un tubo de terminaciones nerviosas, que lo tenían erecto. Era un pene lleno de sangre, con todo y sus testículos. Los espasmos eran fuertes, se llenó de semen al punto de estallar y salí con todo eso al exterior por el tubo, a una tierra extraña, donde lo primero que vi, fueron hombres con la verga de fuera y cara de enojados.

16
El objeto era cosa del mal, representa la maldad en su total reencarnación. Esta hipótesis surge de la lectura del gran libro: Y un día, la furia de dios se dejará sentir en cada uno de nosotros y su destrucción será masiva. Él nos atorará la verga cuando se entere que lo hemos tomado por el culo. San Vergasiculos 35:56. El destino de la humanidad está en nuestras manos. Convoco a destruir la gran verga antes que se atore a alguno de nosotros. Iremos a combatir con tarros y tarros de vaselina. Dijo el reverendo en la junta del gran consejo, una vez que se repusieron de la prueba con Mulata. La estrategia es la siguiente, decía don Wenicar. Manotas introducirá su miembro a la figura tatuada. La señorita Elisa y Mulata la llenarán de Vaselina y después desde la punta la chuparan. El reverendo y yo trataremos de taladrarlo con nuestro pene.

El día del combate llegó. La población estaba a la expectativa, a las afueras de donde estaba situada la gran verga montaron una verbena. El organista tocaba canciones propias del Viejo Oeste, las putas con su corpiño bailaban el Kan-kan. Todos estaban alegres como si supieran que sus héroes acabarían con el mal. El reverendo tomó la palabra y dijo:
Hermanos, estamos hoy en alegría porque el mal será derrotado, festejemos el triunfo. Después de pronunciar estas palabras miró al Diablo en silla de ruedas ayudado por Mike. Se hicieron una señal de ánimo y este último gritó.
¡Viva el consejo! y la multitud le contestaba: ¡Viva!

El consejo siguió con su estrategia ya establecida. A la media hora no habían conseguido nada. El músico tocaba incesantemente para animar. Las mujeres se excitaban y le tocaban la verga a quien tuvieran enfrente. A las tres horas, las mujeres ya estaban chupando pitos. Algunas se chupaban entre sí y otras chupaban una verga al mismo tiempo. A las cuatro horas y media ya estaban penetradas, mientras que el consejo estaba desfalleciendo. A las cinco horas, el consejo ya había muerto en el cumplimiento de su deber. Las mujeres que ya estaban en un estado de excitación total, e hipnotizadas derribaron las bardas y subieron. Y desde ancianas, niñas, monjas, putas, amas de casas, y toda clase de mujeres resbalaron sobre la gran verga hasta que consiguieron que se pasmara y arrojara una gran plasta blanca de la que salió un hombre en ropa íntima de mujer, que la población masculina recibió, con hora y media de vergazos.